Los hermafroditas
somos hijos de Hermes y Afrodita.
Aunque ambiguo el gesto
lo tenemos todo muy bien puesto.
Criaturas del bien y del mal
como en toda familia normal.
Nuestra diferencia
es que nos han puesto en penitencia,
aunque bien mirado
tan original no es el pecado,
pero verlo con ira y desdén
tranquiliza a la gente de bien.
En el Paraíso
Dios está moviéndonos el piso
y eso nada prueba
porque echó también a Adán y Eva.
Ni en el día del juicio final
se sabrá quién es quien, cuál es cual.
Aunque cambie el viento
nunca borrará el ensañamiento,
toda la amargura
que empujó al suicidio y la locura
a conciencias que víctimas son
–todavía– de la Inquisición.
Que la raza humana
sea como se le dé la gana.
Que nos vendan menos
pieles rojas malos, cow-boys buenos.
Que se invente argumento mejor
y al final, que triunfe el Amor.
Canción del “Cancionero para el mal de ojo”
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