La tumba de Caín
Yace olvidada en la cima.
Solamente la florecen las moscas,
Dios la visita con gafas oscuras,
Dios la visita como quien comete un crimen.
De cuando en cuando, profunda y grave,
se alza y resuena la voz de Dios:
- Hijo mío, ¡deja de comportarte como un asno
resentido, partamos de cero!
No te eché de casa
por placer, lo sabes bien.
Reconozco que Abel disfrutaba
lamiendo culos, pero cocinaba
los cabritos con la maestría
de que carece un plantador de nabos.
Cuando le destrozaste el cráneo
te convertiste en el primer asesino
y ahora me mortificas
y tienes los huevos de decir
que el responsable soy yo,
que aquel que creó la muerte
tiene que ser el único culpable
cuando el más fuerte hace la ley.
- Y, ya hace una temporada,
Judas también se entromete:
dice que fue una cerdada
obligarle a dar el famoso beso,
que yo necesitaba hacer del muchacho
una vedette, y como soy el mandamás,
toqué en su piano
la sonata del traidor.
Y me acusa sin criterio
de borrar su libre albedrío,
programando su juicio
para que mi tiro diera en la diana.
Y con sarcasmo y mala baba
me acusa desde el Infierno
de pagarle con el fuego eterno
el favor que me otorgó.
- Y ahora ya todo quisque se anima
a practicar conmigo la esgrima,
y mi prestigio adelgaza...
Reivindican el pecado,
hacen de la Gloria un presidio,;
del Diluvio, un genocidio;
de Babel, veneno de serpiente
contra la diversidad.
Ya no quiero morirme a plazos,
vengo a yacer a tu lado.
Hazme sitio y no seas gruñón,
¿No ves lo cansado que estoy?
He dejado el patrimonio
en manos de Satanás.
En el fondo, Dios o Demonio...
Cuestión de éxito o fracaso.
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