Trova Rosarina
La Trova Rosarina: una fiesta en casa propia
En el contexto del bellísimo Círculo rosarino, un pequeño Teatro Colón colmado por 1400 espectadores que por sus edades fueron contemporáneos del origen de esta leyenda estética surgida en los 80, Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Jorge Fandermole, Adrián Abonizio, Rubén Goldín y Fabián Gallardo;seis de las figuras de aquel movimiento, tuvieron su fiesta.
En el contexto del bellísimo Círculo rosarino, un pequeño Teatro Colón colmado por 1400 espectadores que por sus edades fueron contemporáneos del origen de esta leyenda estética surgida en los 80, Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Jorge Fandermole, Adrián Abonizio, Rubén Goldín y Fabián Gallardo;seis de las figuras de aquel movimiento, tuvieron su fiesta.
La Trova Rosarina: Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Jorge Fandermole, Adrián Abonizio, Rubén Goldín y Fabián Gallardo.
Télam - "Rosario te siento igual", frase final del clásico Tema de Rosario de Lalo de los Santos, entonada con emoción arriba y abajo del escenario del Teatro El Círculo, marcó el cierre del primero de los tres recitales con que el encuentro de los artistas de la Trova Rosarina llegó formal y masivamente a la ciudad que vio nacer este fenómeno de la música popular argentina.
Y la celebración resultó completa y certera porque si bien el recital y su carácter siguieron el camino que esta unión ya mostró en otros lugares del país en media docena de shows que hasta fueron televisados (como el del Festival de Folclore de Cosquín, en enero último), se percibía la necesidad de este re-conocimiento.
En el contexto del bellísimo Círculo rosarino (suerte de pequeño Teatro Colón colmado por 1400 espectadores que por sus edades fueron contemporáneos del origen de esta leyenda estética surgida en los 80), seis de las figuras de aquel movimiento tuvieron su fiesta.
Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Jorge Fandermole, Adrián Abonizio, Rubén Goldín y Fabián Gallardo combinaron gemas de entonces con composiciones más recientes, sumaron piezas del ausente Fito Páez y se despidieron incluyendo aquel himno de De los Santos proponiendo un viaje capaz de poner en cuestión las nociones del tiempo.
Es que la belleza y el impacto del repertorio, el invicto y arrasador ángel de Baglietto-Garré y la feliz conjunción de voces que son capaces de proponer como grupo burlaron todo precepto calendario para mostrar los filos y la potencia de una obra que sigue teniendo qué decir acerca de la música de esta parte del mundo.
Tal vez por ello y aunque la trilogía de conciertos en El Círculo (que continuará esta noche y mañana con entradas casi agotadas) y la del sábado 14 en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires asomaban como el final de la aventura compartida, el andar de la Trova Rosarina seguirá por festivales de verano, entre ellos la Fiesta del pescado y el vino en Gualeguaychú donde se presentará el próximo 6 de enero.
La celebración de anoche donde el sexteto principal cantó envuelto por el poderoso sonido de una banda integrada por Leonardo Introini en contrabajo, Julián Baglietto en batería, Adrián Charras en teclados y acordeón y Juancho Perone en percusión, comenzó a las 21.45 con Garré y Baglietto compartiendo Era en abril (Fandermole).
Desde ese momento y durante 100 minutos el espectáculo tuvo un ritmo vertiginoso bastoneado por quien fuera la voz cantante de aquella epopeya bajo una puesta sonora y lumínica de alto impacto que en su euforia opacó los ribetes melancólicos del cancionero.
Ese permanente arriba en busca de palmas menguó la espesura de temas naturalmente penumbrosos en su temática como Historia de Mate Cosido (Abonizio) o Cuando (Fandermole).
En cambio, el clima encendido regaló pasajes gozosos al momento de visitar Sueño de Valeriana (Goldín, quien padeció dolencias en la voz que minaron su siempre brillante canto), Los días por vivir (Gallardo), Canto versos (Fandermole) o La vida es una moneda (Páez) que terminó con buena parte de la audiencia aplaudiendo de pie.
Pasajes más intimistas que alcanzaron similar efecto sucedieron con El ogro y la bruja (abordada entre su autor Goldín y Garré) y con Dormite Patria (de Abonizio en la voz solista de Baglietto).
Temáticas diversas, cruces de géneros, el riesgo de proponer lo nuevo, una historia de permanente creación más allá de la taquilla, talento autoral e interpretativo son algunos de los elementos que estos artistas sostuvieron en el tiempo y se reunieron para compartirlo y consagrarlo.
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