Ha muerto a los 89 años
Manuel Fraga. En la muerte de un asesino de razones y de vidas
Esta pasada madrugada ha fallecido Manuel Fraga Iribarne, ministro de Franco y más tarde, con la llegada de la democracia, fundador del PP —el partido que hoy gobierna en España— y Presidente de Galicia.
Esta pasada madrugada ha fallecido Manuel Fraga Iribarne, ministro de Franco y más tarde, con la llegada de la democracia, fundador del PP —el partido que hoy gobierna en España— y Presidente de Galicia.
Manuel Fraga Iribarne, segundo por la derecha delante del micro en noviembre de 1968.
Efectivamente, ha muerto Manuel Fraga Iribarne. En su casa, en la cama y en paz, como han muerto y mueren en España los cómplices del terror. "De todas las historias de la Historia / la más triste sin duda es la de España / porque termina mal", dejó escrito Jaime Gil de Biedma.
No faltarán hoy sin embargo en este país sin memoria, notables panegíricos ensalzando su contribución a la democracia, su compromiso con el pueblo español y su nobleza de pensamiento. Hasta más de uno hablará sobre lo buena persona que era.
Seguramente olvidarán que Fraga fue Ministro de Información y Turismo—el Goebbels de Franco— desde 1962 hasta 1969 y que participó en un sinfín de actos represivos que terminaron con la cárcel, el exilio o la muerte de ciudadanos que no pensaban como él.
Pero llegados a este punto del artículo algunos lectores pueden preguntarse qué hace un diario musical ocupándose de un tema político. Muy sencillo: algunos de los actos de Manuel Fraga inspiraron canciones que hoy forman parte de la Antología de la Trova.
Algunos ejemplos.
Sin la censura —que dependía del Ministerio de Información y Turismo— seguramente los miembros de la "Nova Cançó" no hubieran alcanzado la excelencia literaria en el uso de la metáfora.
Si, gracias a Fraga, no se hubiera fusilado a Julián Grimau —se dice que incluso le llevó la orden de fusilamiento personalmente a Franco para que la firmara—, Violeta Parra no hubiera compuesto nunca Qué dirá el Santo Padre, ni Teddy Bautista y Chicho Sánchez Ferlosio hubieran hecho lo propio con Julián Grimau y Canción de Grimau.
Sin los "accidentes" de Rafael Guijarro y Enrique Ruano en sendas sesiones de interrogación, no tendríamos joyas como Què volen aquesta gent de Lluís Serrahima y Maria del Mar Bonet.
Pero especialmente sin la matanza de cinco obreros el 3 de marzo de 1976 a manos de la policía —entonces Fraga era Ministro de la Gobernación—refugiados en la Iglesia de San Francisco de Asís en Vitoria (Euskadi), Lluís Llach jamás hubiera compuesto una de las obras cumbres de la historia de la trova como es la cantata Campanades a morts.
El primer acto de la cantata termina en un crescendo impactante y desgarrador en el que Llach, a manera de maldición, grita:
Assassins,
assassins de raons,
assassins de vides,
que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies
i que en la mort us persegueixin les nostres memòries.
(Asesinos,
asesinos de razones,
asesinos de vidas,
que nunca tengáis reposo a lo largo de vuestros días
y que en la muerte os persigan nuestras memorias.)
No quiero pecar de ingenuo y estoy convencido de que Fraga sí tuvo reposo a lo largo de sus días. Es más, a raíz de aquella matanza todavía tuvo el cinismo de gritar aquella frase que luego pasaría a la historia: "La calle es mía" y todavía hoy nadie ha pedido perdón ni a las víctimas ni a sus familiares.
Al menos me queda el consuelo de que mi memoria, y la de algunos más, perseguirá a este asesino de razones y de vidas en su muerte.
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