COMO UNA HISTORIA

PLEGARIA A UN LABRADOR

En el mes de julio de 1969, Víctor Jara participó en un evento que acabó de proyectarlo como el cantante más popular de Chile. Por iniciativa de Ricardo García y bajo los auspicios de la Universidad Católica se celebro el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena. Concebido como un simposio sobre la situación de la música popular chilena, las jornadas que incluían mesas redondas, conferencias, etc. concluyeron con un concurso en donde participaron doce de los cantantes más populares del momento. Entre estos había de todos los estilos, desde los más "tradicionales" hasta los más comprometidos. Quilapayún fue excluido por el jurado por ser "demasiado político". A Víctor Jara se le ocurrió como arreglar este desaguisado; todos los solistas podían llevar sus músicos de acompañamiento, así que Quilapayún acompañaría a Víctor Jara.
Víctor había compuesto una canción especialmente para el festival: Plegaria a un labrador. Después de las deliberaciones, el jurado decidió dar un primer premio compartido a La Chilenera de Richard Rojas, una canción sobre una heroína de la independencia, y a la Plegaria a un labrador.

JOAN JARA: Nuestra vida había llegado a un momento decisivo y aunque nos queríamos tanto como siempre, formábamos irrevocablemente parte de un proceso más amplio que nosotros mismos, de una gran multitud que trabajaba por una causa común. La inspiración de "La plegaria a un labrador" correspondía a esa época de optimismo y compromiso.

Plegaria a un labrador

Levántate y mira la montaña
de donde viene
el viento, el sol y el agua.
Tú que manejas el curso de los ríos,
tú que sembraste el vuelo de tu alma.
Levántate y mírate las manos,
para crecer estréchala a tu hermano,
juntos iremos
unidos en la sangre;
hoy es el tiempo que pude ser mañana.

Líbranos de aquel que nos domina
en la miseria,
tráenos tu reino de justicia e igualdad;
sopla como el viento
la flor de la quebrada,
limpia como el fuego el cañón de mi fusil;
hágase por fin tu voluntad
aquí en la tierra,
danos tu fuerza y tu valor al combatir;
sopla como el viento
la flor de la quebrada,
limpia como el fuego el cañón de mi fusil.
Levántate y mírate las manos,
para crecer estréchala a tu hermano.
Juntos iremos unidos en la sangre,
ahora y en la hora
de nuestra muerte,
amén.

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