Parabienes al revés
se detiene en la capilla.
El cura salió a la entrá’
diciendo «¡qué maravilla!».
Diciendo «¡qué maravilla!»,
el cura sale a la entrá’.
Se detiene en la capilla
una carreta enflorá’.
A las once del reloj
entran los novios del brazo.
Se les llenaron de arroz
el sombrero y los zapatos.
El sombrero y los zapatos
se les llenaron de arroz.
Entran los novios del brazo
a las once del reloj.
Cuando estaban de ro’illas
en el oído el sacristán
le tocó la campanilla
al novio –talán, talán–.
Al novio –talán, talán– *
le tocó la campanilla
en el oído el sacristán
cuando estaban de ro’illas.
El cura le dijo adiós
a la familia completa.
Después que un perro lairó,
él mesmo cerró la puerta.
Él mesmo cerró la puerta
después que un perro lairó.
A la familia completa
el cura le dijo adiós.
En la carreta enflorá’
ya se marcha la familia.
Al doblar una quebrá’,
se perdió la comitiva.
Se perdió la comitiva
al doblar una quebrá’.
Ya se marcha la familia
en la carreta enflorá’.
Primera versión, de El folklore de Chile.
* En la versión de El folklore de Chile según Violeta Parra se altera el orden de los versos: «Al novio –talán, talán– / cuando estaban de rodillas / en el oído el sacristán / le tocó la campanilla».
Isabel Parra, en Au Chili avec los Parra de Chillan, cambia la estructura y el sentido del tercer párrafo: «Cuando estaban de rodillas / en el oído al sacristán / le tocó la campanilla / el novio –talán, talán–» y luego sigue la versión de El folklore de Chile según Violeta Parra, pero con su propio cambio de complemento directo: «El novio –talán, talán–, / cuando estaban de rodillas, / en el oído al sacristán / le tocó la campanilla». En la cuarta estrofa canta «Y él mesmo cerró la puerta».
Ángel Parra en Violeta Parra, paroles et musiques cambia «lairó» por «ladró». En ambas versiones cambia «mesmo» por «mismo».
(1956)
Parabienes
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.