Casi feliz
o más allá, de la mitad del mundo,
casi capaz, llegando casi,
o más acá, de la marea plena.
Con los zapatos plenos de sargazos,
con tres pocos de sol en el bolsillo,
con un sabor a sal y azúcar parda,
con escaso equipaje y mucho canto,
con la humedad del último aguacero,
con el verde, el violeta, el amarillo.
Con la prudencia del escarmentado,
con la tranquilidad y el desatino,
con los árboles, los libros y los hijos,
con las cuentas saldadas para siempre,
con las manos ausentes de limosnas,
con la satisfacción y el descontento.
Con un mucho de ron y de locuras,
con amores perdidos y ganados,
con caprichos y fugas y regresos,
con la mujer amante y los amigos,
con fragmentos de sueños realizados.
Con hermanos lejanos y presentes,
con Martí, con Rirri, con Sor Juana,
con Unicornios, con Yolandas, con Auroras,
con Matamoros, con Vivaldis y Adalbertos,
con Aconcaguas y Lomas de Campanas.
Con el parque de G y los gorriones,
con la Calle Enramada y las canciones,
con Santiagos, con Gerardos y con Varelas,
con Urquijos, con Ramiros y con Chispas,
con los mangos bizcochuelos y aceitunas,
con mis mares, mis naufragios y mis lunas.
Casi feliz, casi capaz,,
casi infantil, anciano casi.
Con la cachaza de abril del Pan de Azúcar,
con el barcito de F y los aseres,
con “lo Moreno”, “lo Mestre”, “lo García”,
con “el Choco”, Ruysdael, la maravilla,
con la fealdad, con las hieles y las mieles,
y el romerillo insistiendo entre los rieles.
Ya de regreso al puerto de partida,
con el velamen raído y luminoso,
son tan hermosas mis profundas cicatrices
y hay tanto amor sin estrenar por dentro
que hoy me siento casi feliz, casi feliz, casi feliz
pero sin remordimientos.
Casi feliz, casi capaz,
casi infantil, anciano casi...
Casi...
(1999)
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