Cintas amarillas
Laura era tan suave como un beso en la frente,
llevaba dos rubores carmín en las mejillas,
tenía mariposas de luz en las pupilas
porque eran ojos nuevos, sus ojos en la vida.
Laura, Laura, Laura...
Recogía la brisa y en su voz la devolvía
era como el rocío la frescura de su risa
temblando sobre el pétalo de su boca, flor de almíbar,
delantalito pobre remendado de alegría
crujiendo de almidón un jazmín parecía.
Laura, Laura, Laura...
Su carterita rota que fue marrón un día,
sus trenzas que se ataban con cintas amarillas,
yo la esperaba siempre, de lejos sonreía,
le daba mi manzana, qué hombre me sentía
ella me daba un beso y sin mirar corría...
Laura, Laura, Laura...
Recitado
Y cómo se enojaba cuando yo le desataba las cintas amarillas, “ves, para que no corras, si yo siempre te alcanzo”, y seguía caminando a su lado sin decir palabras, pateando pedregullos, mirándola de reojo con mi gesto de orgullo, pero ella no me hablaba, nunca me hablaba, y cantaba, muy bajito, tan bajito que acariciaba con su aliento las flores de papel que a un lado del camino bailaban con su acento, y todos los pájaros venían a posársele en la voz, y le trepaba la dulzura hasta la cara, entonces sí que me sentía solo, tan solo, y quería romper con la pedrada de mi grito el espejo de su magia, pero... no podía, su pequeña voz dolía más que mi alarido en el silencio, y entonces le decía: “perdón Laura” y le llevaba la cartera hasta el colegio. Ahora sé que la he querido tanto, tanto, pero cómo alcanzarla si siempre estuvo tan lejos... tanto...
Laura era tan suave como una llovizna de septiembre,
Laura era tan frágil como un beso en la frente,
Laura era el amor, ese amor que todos tienen,
Laura era el amor, Laura era el amor,
el primer amor que nunca vuelve.
Laura, Laura, Laura...
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
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