La dignidad y la fiesta: Víctor Jara
Por Josep Maria Fonalleras para El Periódico de Catalunya
Veo las imágenes del funeral de Víctor Jara por las calles de Santiago. Al principio creía haberme equivocado al buscarlas, porque me encuentro con un carnaval. Luego, más rúas, algunos vestidos de catrina mexicana (la representación de la muerte, la calavera que baila), y grupos de gente cantando las piezas del chileno. Y más carnavales, y bailes típicos y gente bailando aquí y allá. Finalmente me doy cuenta de que no es ningún error y de que, 36 años después de su ejecución vil y obstinada hasta la ignominia, el homenaje a Jara es, en su ruta hasta el Cementerio General, una fiesta caótica y multitudinaria, un pasacalles juguetón donde no hay ninguna celebración de la muerte sino un estallido fenomenal de la dignidad.
Los restos de Víctor Jara han vuelto al cementerio donde ya estaban depositados tras el desfile improvisado y nada protocolario, una marcha en la que el ataúd casi pasa desapercibido entre el gentío, sin honores de ningún tipo, con un humilde cordón que describía un rectángulo de seguridad. Jara venía de la muerte y a ella vuelve, pero ahora con aplausos y flores, con lágrimas en los ojos y banderas rojas, con la emoción contenida durante tanto tiempo, con notas dispersas de sus canciones entonadas al paso del féretro.
Fuimos muchos los que nos aprendimos de memoria sus letras. Muchos los que lloramos aún un poco al escuchar «y tú caminando, lo iluminas todo». Somos muchos los que conservamos en la cabeza –pese a los años y a la pérdida de entusiasmo de cuando éramos románticos– las fotografías de la perfidia en el Estadio Nacional y las dolorosas noticias que llegaban de Chile. Cuando pueda, enseñaré a mis hijos estas imágenes alegres y les haré ver que es cierto que «mucho más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre».
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
El cantautor mexicano Alejandro Santiago, vinculado con la trova contemporánea mexicana, murió el 22 de septiembre de 2026 en una clínica de Cuernavaca, Morelos, después de un prolongado periodo de hospitalización. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria publicó siete discos de manera independiente y llevó sus canciones a escenarios de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.
Frank Delgado publica Archivos Descalcificados, un disco grabado en 2018 que reúne diez canciones que habían quedado fuera de trabajos anteriores. El álbum cuenta con arreglos y guitarras de Yibrán Rivero y funciona, según explica el propio cantautor cubano, como una recopilación lógica de composiciones pertenecientes a momentos muy distintos de su trayectoria, algunas escritas hace más de cuarenta años y otras hace más de veinte.