Tear downs the fences
did you ever stop to think
that this land is ours,
and not his who “owns” son much of it?
I ask if on the land
you have never thought,
that if the hans that work are ours
what they produce is ours too?
Tear down the fences! Tear them down!
The land is ours.
It belongs to you and them,
to Pedro, María, Juan and José.
If my song bothers someone
who is hanging around here,
I assure you he’s a gringo
or a big landowner of Uruguay!
English lyric: Barbara Dane
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.