50 Festival de Cosquín
Entrevista a Inti-Illimani Histórico: La leyenda intacta
Los chilenos fueron, hasta ahora, de lo mejor del Festival de Cosquín. Su líder, Horacio Salinas, habla de la importancia del folclore argentino en la banda.
Los chilenos fueron, hasta ahora, de lo mejor del Festival de Cosquín. Su líder, Horacio Salinas, habla de la importancia del folclore argentino en la banda.
Por Gaspar Zimerman para El Clarín
Los Inti-Illimani viajaron 21 horas por tierra para llegar desde Santiago a Cosquín. Llegaron el jueves, el mismo día de su actuación, y un rato después de haber sido ovacionados partieron en otro periplo hacia Valparaíso. Pero antes de tocar, Horacio Salinas, director musical del grupo, estaba exultante: "Es la primera vez que venimos a este escenario querido por todos. Es el festival de raíz folclórica más importante de Latinoamérica. Nosotros nos formamos con la música argentina, por eso Cosquín era un sueño casi mágico. Tenemos una deuda hacia los folcloristas de este país: Yupanqui, Los Fronterizos, Eduardo Falú... No era posible pertenecer a un grupo de la Nueva Canción Chilena, como Quilapayún o Inti-Illimani, si uno no sabía cantar bien una zamba o una chacarera".
La historia de Inti Illimani empezó en 1967, en una época que tiñó la esencia del grupo y lo identificó con el canto de protesta. Salinas, que entonces tenía 15 años, lo sabe: "Tenemos una marca muy fuerte por haber nacido en una década de transformación en el mundo, con la revolución sexual, el hippismo, Los Beatles. Eso influyó en que hiciéramos música testimonial, con compromiso político y contenido humano, con los problemas del hombre metidos en los textos".
Su música, como la de Quilapayún o Víctor Jara, acompañó la llegada de Salvador Allende al poder. Su caída y el ascenso de Pinochet acentuó la imagen de Inti Illimani como un símbolo de resistencia desde el exilio: "El 11 de septiembre de 1973 estábamos de gira por Europa: el golpe de Estado nos sorprendió en Roma. Los italianos nos ofrecieron que nos quedáramos allá, y desde ahí recorrimos el mundo".
Fueron 16 años que Salinas prefiere recordar sin victimizarse. "Vivimos todo ese tiempo con el oído muy atento. El exilio nos instaló en el territorio de la música popular del mundo, de la raíz folclórica del mundo. Fue una pesadilla gigantesca, sí, pero en términos artísticos no lo vivimos de manera traumática, sino como un momento de crecimiento". Durante su forzada estadía italiana, su impronta latinoamericana se enriqueció con aires mediterráneos, celtas y de otros folclores.
En 1988 pudieron volver a Chile. "En la escala en Buenos Aires nos vinieron a recibir Víctor Heredia y Mercedes Sosa, a quien habíamos conocido en el exilio. Fue emocionante. Y el regreso a Chile, apoteósico: nos esperaban 5 mil personas, aunque aún estaba Pinochet en el gobierno. Fue sorprendente ser transportados por una esa caravana gigantesca. La gente se había esmerado en saber de nosotros más de lo que creíamos".
Y después, con la democracia, ¿cómo evitar la nostalgia de tener un enemigo claro contra el cual pelear?
Con Allende ya tuvimos esa discusión, sobre cómo nos íbamos a ubicar, como grupo de protesta, con un gobierno al que apoyábamos. Pero ahora nuestra música escapa a la coyuntura. Los regímenes pueden pasar, pero Inti Illimani siempre queda, es transversal a la época y los conflictos sociales. Por lo demás, el ser humano siempre va a luchar para vivir mejor colectivamente.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.
Frank Delgado publica Archivos Descalcificados, un disco grabado en 2018 que reúne diez canciones que habían quedado fuera de trabajos anteriores. El álbum cuenta con arreglos y guitarras de Yibrán Rivero y funciona, según explica el propio cantautor cubano, como una recopilación lógica de composiciones pertenecientes a momentos muy distintos de su trayectoria, algunas escritas hace más de cuarenta años y otras hace más de veinte.
El fotógrafo Maxi Vernazza publica Alguien en el mundo, un libro que reúne imágenes de Charly García tomadas entre 1998 y 2008, durante una de las etapas más intensas de su trayectoria: los años atravesados por el concepto Say No More. El volumen nace de casi dos mil fotografías, analógicas y digitales, y recorre escenarios, viajes, estudios, hoteles y momentos cotidianos del músico argentino.
Rajery y Raúl Rodríguez publican Mandry ve? (¿Aún duermes?), un álbum conjunto de once canciones nacido del diálogo entre la tradición musical de Madagascar y el flamenco. La valiha malgache y el tres flamenco se encuentran en un repertorio formado por composiciones propias, piezas tradicionales e improvisaciones, con conexiones rítmicas que alcanzan también a los sones cubanos.