Silvio triunfa en «La Corbata»

MEDIOS el 10/09/2010 

Julio Beltrán no creyó a su mujer. Ella llegó diciendo que Silvio Rodríguez, en una semana a más tardar, cantaría en el barrio. “¿De Nueva Yol a “La Corbata”? Eso está fuelte, chica”.

Por Rosa Miriam Elizalde para Cubadebate

No lo podía creer, ni siquiera cuando empezaron a llegar personas extrañas que armaron una tarima con luces de colores y desembarcaron unas matas de areca para disimular un poco los cables y los hierros ubicados a la sombra de los almendros y los pinos que bordean la calle sin asfaltar. “Yo creo que el que viene es Arnaldo y su Talismán”, les chismeó una vecina.

Era difícil creerlo, porque no se había dicho ni pío de este concierto en la prensa, mientras el del Teatro Lázaro Peña, donde Silvio va a actuar este viernes por el bicentenario de la Independencia de Chile, lo han anunciado por la radio y la televisión y las entradas se agotaron en un abrir y cerrar de ojos. ”La Corbata”, además, es un barrio bastante reciente en el límite impreciso entre dos municipios de La Habana, en el Consejo Popular Cubanacán. “Yo mismo pago el agua en La Lisa y la luz, en Playa”, dice Julio.

Aquí viven unos 1800 vecinos, en 528 casas, buena parte de ellas en mal estado. El barrio, próximo al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, comenzó con algunos asentamientos ilegales y no hace tantos años ni siquiera tenía nombre. La leyenda popular afirma que un borrachito colgó una corbata en uno de los árboles de la calle 198 donde se empezaron a ver las precarias construcciones y cuando alguien pasaba en guagua por ahí decía: “Oye, chofe, déjame en ‘La Corbata’”, y el nombre se le quedó.

Esa es la historia que cuenta Julio y que repite con ligeros cambios José Alberto Álvarez López, el Jefe de Sector de la Policía, quien trabaja en “La Corbata” y es el artífice de esta inusitada agitación en el vecindario. “Este es un barrio con desventaja social y a veces no le podemos dar a la gente un bloque, un ladrillo, pero sí música, cultura”, comenta el oficial, joven y avispado. “Una vez trajimos un grupito musical y vi que lo aceptaron. El grupito empezó a las dos de la tarde y terminó a las 11:30 de la noche. Luego nos pidieron otras actividades así, con trovadores, con músicos, y se me ocurrió ir a ver a Silvio”.

Pero la gente no estaba muy convencida de que había fructificado esta diligencia. “Fui a ‘la Genética’ (Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología) y les dije a los compañeros que venía Silvio, y creían que yo estaba inventando. Y yo que sí, que Silvio va a estar con nosotros, para mejorar esta comunidad…”. José Alberto mira el reloj. Son casi las seis de la tarde, está lloviznando y hay poca gente en la calle. Por el terraplén avanza un carro blanco que maneja un hombre con una gorra roja. “Pero es Silvio, coño. Es Silvio de verdad”, grita Julio y entra corriendo para su casa a ponerse una camisa.

“Silvio nos dijo en todo momento que sí, que él apoyaba la tarea”, comenta José Alberto a los pocos periodistas que nos encontramos allí. “La tarea”, se ríe Silvio que escucha divertido el diálogo, y repite: “Estoy cumpliendo la tarea”… El policía continúa: “Cuando Silvio estaba viajando al exterior, el llamaba para saber cómo estaban los preparativos del concierto, y se preocupaba… Esto va a quedar para la historia”.

LOS GRAMMYS

Este concierto parece que era medio clandestino, le digo. “No era la intención, realmente…” Al poeta y trovador se le ve muy animado y hasta feliz: “Esto fue una iniciativa del policía, que me tocó a la puerta de la casa y me dijo que trabajaba en esta zona y me explicó las características del barrio. Él creía que la cultura era importante. Y yo también creo que es importante y que a veces, cuando faltan otras cosas, la cultura apoya al menos moralmente a la gente.”

Y a partir de esta primera idea, Silvio comenzó a soñar con repetir este concierto en otros lugares de La Habana. “Se nos ocurrió seguir haciendo estos concierto en distintos barrios, barrios un poquito apartados, con sus características, y regalarles además una biblioteca (en “La Corbata” la entrega Miguel Barnet, el Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC). No tenemos un plan formal, de tal fecha a tal fecha, sino que iremos insertando estos conciertos en los huecos que queden entre nuestras actividades. Poquito a poco.”

Por supuesto, tener a Silvio delante y no aprovechar la ocasión para otras preguntas sería un crimen de leso periodismo. “¿Cómo te enteraste de que estabas nominado para los Grammys Latinos?” “Me llamó Amaury (Pérez) y me lo dijo. Luego lo leí en Internet”, responde.

“Los premios son ajenos a mi forma de trabajar -añade-, pero que te den un reconocimiento siempre es bueno. En particular a un disco como este (Segunda Cita) tan volcado a la realidad cubana. Entre los nominados hay cubanos de aquí y otros que viven fuera; somos 13 cubanos en total. Me parece que es una victoria de la cultura cubana.”

Silvio ya fue nominado anteriormente, por su disco Érase que se era. Agradece la nueva nominación: “Si hay un disco mío que mereciera un premio, debiera ser este. Mira como ningún otro hacia nosotros, hacia dentro” de Cuba. “Con Martí y Maceo incluidos”, replico. “Y con la caballería mambisa”, termina él divertido.

SILVIO, NIURKA, TROVARROCO, OLIVER, VICENTE

¿Y a ti qué canción te gusta de Silvio?, le pregunto a José Alberto, el Jefe de Sector que ha estado comentando a los periodistas cómo se organizó el concierto y la resistencia de la gente a considerar esa posibilidad. Ojalá y entona: “Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan…”. Lo aplaudimos entre risas, cuando ya empieza a notarse movimiento en la tarima.

El concierto comienza con En el claro de la luna, la bellísima canción del disco Días y flores. Silvio presenta a los músicos que lo acompañan: Niurka González —flautista y clarinetista—, el trío de cuerdas Trovarroco —Rachid López, Maykel Elizarde y Cesar Bacaró— y Oliver Valdés, en la percusión, músicos que lo acompañaron en las exitosas presentaciones de Puerto Rico y Estados Unidos.

Incluyendo a Vicente Feliú, con un par de canciones —una de ellas Créeme—, se sucederían unas 20 melodías. Tal y como notaron los críticos en la gira por Estados Unidos, Silvio tiene la voz intacta y su música nos deja en vilo, en ocasiones marcada por el sonido de la flauta de Niurka que parece llegar de otro mundo, y otras veces por los preciosos vuelos de la guitarra de Rachid.

Emociona también porque esa música digna del Carnegie Hall suena en medio de aquellas viviendas —algunas “hechas de ruinas y de misterios”, como la casa de la canción El Papalote— y cerca de los calderos de la cocina, los perros y los gatos, de la gente en chacleta a la puerta de su casa, del almendro y el pino. Suena en medio de los charcos, del fango, de la lluvia que finalmente no cae, de la tarde que se va, de los mosquitos que van llegando mientras se va haciendo de noche.

Después de oír ·El Elegido, Sueño con serpientes, Cita con ángeles, Escaramujo, La gota de rocío, Mariposas y otras por el estilo que todos se saben y algunos cantan como si fueran ellos el mismísimo Silvio en el escenario, se entusiasma el público y pide Yolanda. Algunos gritan: “pero esa es de Pablo”, y Silvio la canta, claro, y sigue con El Mayor, ya con “La Corbata” desbordada y en delirio. Entonces de pie ante el micrófono, él entona la última canción: Ojalá.

Y aquí termino, porque soy incapaz de describir la mirada del policía que tocó una puerta e inició esta historia.

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