La cantante hace una serie de shows

La Sole en su laberinto

MEDIOS el 02/09/2009 

Dice que no sabe si llegó a su techo y que es más fuerte en el vivo que en el disco. Y habla de su relación con los hombres.

Por Gaspar Zimerman para Clarín

A veces me dan ganas de parar, porque no me da la cabeza para reinventarme de un año a otro. Este verano voy a ir a los mismos festivales que el verano que pasó y voy a ir con el mismo disco, Folklore, pero me gustaría hacer algo distinto, porque me preocupa mucho el más de lo mismo. Y el folclore está acostumbrado a eso, porque la gente es muy tradicional: es normal que el público quiera volver a escuchar, en mi caso, A Don Ata o El tren del cielo. Yo las voy a volver a cantar, pero no quiero quedarme sólo en eso. Me cuesta encontrar el camino correcto para no dejar de ser una artista festivalera, la Sole que tiene fuerza, pero a la vez proyectarme más allá, no quedarme ahí".

Las vísperas de una nueva serie de conciertos, después de la gira con Los Nocheros y el Chaqueño Palavecino y antes del comienzo de la temporada de festivales, encuentran a una Soledad Pastorutti tan alegre y parlanchina como de costumbre, pero también metafísica y reflexiva. Que, a los 28 años, ya tiene quince de carrera encima y los muestra en cómo habla de sí misma. Dice: "Sé que soy una artista más del vivo que del disco: es difícil que un cd mío logre proyectar lo que soy en vivo. Los discos funcionan como carta de presentación, pero no me pintan tal como soy".

Y también: "Por la forma en que empezó mi carrera, como un boom, llegué más lejos de lo que esperaba, contra todos los pronósticos y el mío propio. Me convertí en una cantante que se puede defender arriba de un escenario. Estoy cantando mucho mejor, crecí mucho. A veces me pregunto si este es el techo, pero espero crecer, no quedarme".

Y además: "Arranqué sin ser profesional y transité un camino de crecimiento público, donde todos los errores se veían demasiado. Conmigo hubo mucho prejuicio, y todavía siento miradas despectivas. Pero estoy en contra de los que piensan que lo popular es sucio, imperfecto. Sé que estoy definida como una artista masiva, y me gusta ese lugar".

¿El revoleo del poncho sigue vigente?

Salvando las distancias, es como el pasito lunar de Michael Jackson: son cosas que quedan, tan fuertes que ni uno mismo puede matarlas, y se vuelve esclavo de esas situaciones. Por ahí me canso de revolear el poncho, pero entiendo al público: es algo que en algún momento tiene que ocurrir, es como el gestito de idea para Balá. ¿Me voy a pelear con la gente? Si somos populares es gracias al público.

¿Tenés groupies, como en el rock?

Mi público es más familiar. Y me suelen perseguir más las mujeres que los hombres. Ellos son más respetuosos. Sólo en el fútbol o en el rock veo al hombre fanatizado al nivel de enloquecer. He tenido muchachos que se subieron al escenario para besarme, y ahora de casada me piropean más que de soltera, pero las mujeres somos más pasionales. Además, yo no soy la seducción en persona. Si ahora uso calzas en lugar de bombachas de gaucho, es sólo para aggiornarme.

Siguiendo con la analogía con el rock: muchos rockeros festejaron el fallo de la Corte sobre la marihuana. ¿Cómo lo tomaron en el mundillo del folclore?

No lo sé, debe haber festejos también. Es difícil opinar sobre el tema: imagino que para el fallo se habrá estudiado mucho la cuestión. Yo no estoy al favor del consumo de drogas, ni del alcohol o el tabaco. O sea: no estoy a favor de que los seres humanos busquemos manera de autodestruirnos.

Al folclore se lo vincula más al alcohol.

Si el rock es sexo, droga y rocanrol, el folclore es empanadas y vino en jarra, como dice la zamba. El vino es mágico, pero eso no quiere decir que los folcloristas abusemos. De muchos se ha hecho un mito: yo quedé presa del poncho y Guarany del vino. Habrá tenido sus borracheras, le habrá escrito al vino, pero tampoco es para tanto. ¡Pobre Guarany!

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