La cantante hace una serie de shows
La Sole en su laberinto
Dice que no sabe si llegó a su techo y que es más fuerte en el vivo que en el disco. Y habla de su relación con los hombres.
Dice que no sabe si llegó a su techo y que es más fuerte en el vivo que en el disco. Y habla de su relación con los hombres.
Por Gaspar Zimerman para Clarín
A veces me dan ganas de parar, porque no me da la cabeza para reinventarme de un año a otro. Este verano voy a ir a los mismos festivales que el verano que pasó y voy a ir con el mismo disco, Folklore, pero me gustaría hacer algo distinto, porque me preocupa mucho el más de lo mismo. Y el folclore está acostumbrado a eso, porque la gente es muy tradicional: es normal que el público quiera volver a escuchar, en mi caso, A Don Ata o El tren del cielo. Yo las voy a volver a cantar, pero no quiero quedarme sólo en eso. Me cuesta encontrar el camino correcto para no dejar de ser una artista festivalera, la Sole que tiene fuerza, pero a la vez proyectarme más allá, no quedarme ahí".
Las vísperas de una nueva serie de conciertos, después de la gira con Los Nocheros y el Chaqueño Palavecino y antes del comienzo de la temporada de festivales, encuentran a una Soledad Pastorutti tan alegre y parlanchina como de costumbre, pero también metafísica y reflexiva. Que, a los 28 años, ya tiene quince de carrera encima y los muestra en cómo habla de sí misma. Dice: "Sé que soy una artista más del vivo que del disco: es difícil que un cd mío logre proyectar lo que soy en vivo. Los discos funcionan como carta de presentación, pero no me pintan tal como soy".
Y también: "Por la forma en que empezó mi carrera, como un boom, llegué más lejos de lo que esperaba, contra todos los pronósticos y el mío propio. Me convertí en una cantante que se puede defender arriba de un escenario. Estoy cantando mucho mejor, crecí mucho. A veces me pregunto si este es el techo, pero espero crecer, no quedarme".
Y además: "Arranqué sin ser profesional y transité un camino de crecimiento público, donde todos los errores se veían demasiado. Conmigo hubo mucho prejuicio, y todavía siento miradas despectivas. Pero estoy en contra de los que piensan que lo popular es sucio, imperfecto. Sé que estoy definida como una artista masiva, y me gusta ese lugar".
¿El revoleo del poncho sigue vigente?
Salvando las distancias, es como el pasito lunar de Michael Jackson: son cosas que quedan, tan fuertes que ni uno mismo puede matarlas, y se vuelve esclavo de esas situaciones. Por ahí me canso de revolear el poncho, pero entiendo al público: es algo que en algún momento tiene que ocurrir, es como el gestito de idea para Balá. ¿Me voy a pelear con la gente? Si somos populares es gracias al público.
¿Tenés groupies, como en el rock?
Mi público es más familiar. Y me suelen perseguir más las mujeres que los hombres. Ellos son más respetuosos. Sólo en el fútbol o en el rock veo al hombre fanatizado al nivel de enloquecer. He tenido muchachos que se subieron al escenario para besarme, y ahora de casada me piropean más que de soltera, pero las mujeres somos más pasionales. Además, yo no soy la seducción en persona. Si ahora uso calzas en lugar de bombachas de gaucho, es sólo para aggiornarme.
Siguiendo con la analogía con el rock: muchos rockeros festejaron el fallo de la Corte sobre la marihuana. ¿Cómo lo tomaron en el mundillo del folclore?
No lo sé, debe haber festejos también. Es difícil opinar sobre el tema: imagino que para el fallo se habrá estudiado mucho la cuestión. Yo no estoy al favor del consumo de drogas, ni del alcohol o el tabaco. O sea: no estoy a favor de que los seres humanos busquemos manera de autodestruirnos.
Al folclore se lo vincula más al alcohol.
Si el rock es sexo, droga y rocanrol, el folclore es empanadas y vino en jarra, como dice la zamba. El vino es mágico, pero eso no quiere decir que los folcloristas abusemos. De muchos se ha hecho un mito: yo quedé presa del poncho y Guarany del vino. Habrá tenido sus borracheras, le habrá escrito al vino, pero tampoco es para tanto. ¡Pobre Guarany!
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
El cantautor mexicano Alejandro Santiago, vinculado con la trova contemporánea mexicana, murió el 22 de septiembre de 2026 en una clínica de Cuernavaca, Morelos, después de un prolongado periodo de hospitalización. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria publicó siete discos de manera independiente y llevó sus canciones a escenarios de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.
Frank Delgado publica Archivos Descalcificados, un disco grabado en 2018 que reúne diez canciones que habían quedado fuera de trabajos anteriores. El álbum cuenta con arreglos y guitarras de Yibrán Rivero y funciona, según explica el propio cantautor cubano, como una recopilación lógica de composiciones pertenecientes a momentos muy distintos de su trayectoria, algunas escritas hace más de cuarenta años y otras hace más de veinte.