Festival Guitar Bcn 2015
Jorge Drexler más bailable pero igual de íntimo
Dos premios obtuvo Jorge Drexler en la pasada edición de los Latin Grammy con su último trabajo Bailar en la cueva. Después de unos meses vino a presentarlo al público barcelonés en el marco del Festival Guitar Bcn 2015.
Dos premios obtuvo Jorge Drexler en la pasada edición de los Latin Grammy con su último trabajo Bailar en la cueva. Después de unos meses vino a presentarlo al público barcelonés en el marco del Festival Guitar Bcn 2015.
Jorge Drexler en la sala Barts de Barcelona.
© Jordi Calvera @JordiCalvera
Ya he hablado de Jorge Drexler en otras oportunidades y hacerlo de nuevo no me supone un gran esfuerzo porque hace muchos años que le sigo, me gusta lo que hace y le tengo un gran respeto como músico y como artista.
He dicho artista y hago hincapié en eso porque no aprecio que todos los músicos lo sean. Muchos son eso, músicos, algunos muy buenos, es cierto, pero solo músicos. Soy drexlerista (me parece que me acabo de inventar una palabra) desde hace aproximadamente una quincena de años, cuando aún no estaba oscarizado y cuando se prodigaba mucho en conciertos donde cada vez iba reuniendo más público. Su modo de proyectarse, como comunica, la forma como utiliza también el lenguaje gestual, su indudable carisma y su comunión con el público que no sé si es innato o aprendido es en cualquier caso lo que le hace mucho más que un músico.
Decía que no me costaba hablar de Jorge si no fuera por el miedo que tengo a repetirme como el ajo, puesto que lo que he escrito en otras ocasiones sé que lo mantengo hoy sin necesidad de repasarlo o releerlo.
Por fin estrenaba trabajo nuevo. Después de unos años de espera por fin nos presenta su Bailar en la cueva. Después de leer entrevistas y comentarios podría pensarse que estamos ante otro Drexler distinto y que ha tomado otro camino. No, es el mismo. Parece que hablamos de un trabajo de espíritu más bailable y con esa idea se habilitó la platea del Barts por si aquellos centenares de personas se arrancaban a mover cuerpos al ritmo del uruguayo, que llegó bien acompañado por un potente arsenal de músicos de viento y no menos dotado en cuanto a percusiones. Un grupo bien completito que hacía ver que aquello iba a sonar muy mucho.
Como experimento bailable funcionó solo a medias. Había demasiada gente como para que alguien emulara a Fred Astaire, pero a nivel musical el resultado fue brillante, como siempre, porque ya eran muchos y muchas las que conocían las canciones, incluso las nuevas y de este modo Jorge se alejó del micro en muchas ocasiones para permitir que fuera el respetable quien cantase las canciones una y otra vez.
Proyecciones visuales ocasionales en la parte posterior del escenario, juegos de luces, esa voz que a veces susurra más que canta y en algunas de las canciones una compañía muy sonora por parte de su grupo hizo que el concierto discurriese por las sendas esperadas. La gente lo pasó bien.
Y es que Jorge no decepciona nunca. A lo largo de su trayectoria le he visto en formatos distintos, a veces más electrónicos, otras veces más acústicos y en toda esa experimentación siempre sale mucha de su musicalidad expresada en distintas maneras pero con resultados siempre buenos. Solo así se entiende que la sala estuviera llena. El prestigio no se gana solo, se trabaja. La fama no se compra ni se vende, se gana día a día, con honradez, con entrega y también con estilo y de eso Jorge tiene un montón.
Y es que Jorge tiene conceptos muy claros y uno de ellos es el respeto no solo hacia sí mismo sino hacia sus compañeros de viaje y obviamente hacia el público. Digo esto porque inició el concierto en una especie de presentación informal con una coreografía al borde del escenario acompañado de sus músicos. Era una forma de introducirnos en lo que íbamos a ver y escuchar y un modo también de explicarnos sin palabras que él no estaba solo y que el show iba a ser cosa de los ocho que estaban arriba, a los que dicho sea de paso nos presentó muy pronto cosa tan poco habitual que me llamó la atención puesto que los hay que presentan a sus músicos en los bises poquito antes de abandonar la sala.
En el apartado musical debo hablar de la participación a mitad del show de Silvia Pérez Cruz, quizás la voz femenina más importante en el panorama actual de la música en Cataluña. Juntar dos artistas de esa categoría es sinónimo de éxito, pero a mí esos experimentos no terminan de gustarme demasiado y me resultan forzados como un zapato que aprieta a pesar de la calidad innegable de ambos. Solamente con la guitarra de Jorge cantaron Soledad y a continuación con el grupo al completo Cucurrucucu paloma.
El concierto empezó con la canción que da nombre a su trabajo y siguió con Esfera. De bailar en la cueva interpretó también Caí creo que caí, la bonita y susurrada Todo cae, La plegaria del paparazzo, Data data, y Bolivia, en la que Drexler tuvo un recuerdo a ese país con el que su familia tiene un agradecimiento eterno. En los bises cantó Luna de Rasquí y también Universos paralelos, con lo que conocimos casi la totalidad del trabajo.
Hubo un repaso de otros temas, principalmente de Eco, con Transporte, Don de fluir, Guitarra y vos, Deseo y Todo se transforma.
Con Luna de espejos Jorge bajó a bailar a la platea y con Las transeúntes, Una canción me trajo aquí, Sea y Me haces bien completó el repertorio sin que se oyeran excesivas voces pidiendo canciones "históricas" en los bises.
Sus excelentes escuderos fueron Roc Albero, Santiago Cañadas y Fabrizzio Scarafile en vientos, Martin Leiton en el bajo y Sebastián Merlín, Carles Campí y Borja Barrueta en percusiones.
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