Roberto Cantos, uno de los integrantes del Dúo Coplanacu, habló con Télam desde la ciudad cordobesa antes de su show el sábado.
"Más allá de las fallas y de las polémicas que puedan aparecer, Cosquín es un ecosistema de la identidad que se vive pase lo que pase", ponderó Cantos durante una entrevista telefónica con Télam desde la ciudad donde se desarrolla el festival.
El Dúo Coplanacu, síntesis de un folclore tradicional y de calidad que lleva casi cuatro décadas de consecuente camino, se encuentra girando entre la Patagonia, La Plata y Buenos Aires donde el domingo próximo montará una peña para, en todos esos recitales, recrear encuentros con un público fiel y fervoroso "en una intimidad que nos alimenta artísticamente y nos hace bien", según afirma Julio Paz, uno de sus integrantes.
Curtidos también en grandes eventos musicales de todo el país, Julio Paz ironiza en charla con Télam que "llegar a estos lugares no es lo mismo que cantar en un festival grande donde en las plateas Vip están las señoras de los concejales que fueron a ver si lo podían tener cerca a Ricky Martin y nuestro público está allá lejos".
La Juntada, cumbre de la música popular que agrupó a los santiagueños Peteco Carabajal, Dúo Coplanacu y Raly Barrionuevo, celebrará 20 años de su reunión el próximo miércoles 24 con una actuación compartida en el marco del 64° Festival Nacional de Folclore de Cosquín.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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