Enmandilados o castrados, los carneros de punta portaban cencerros al cuello para guiar a los rebaños trashumantes de merinas por cañadas, cordeles y veredas gracias al sonido que desplegaban y que el etnógrafo Joaquín Díaz, a través de una exposición, ha elevado a la categoría de instrumentos musicales.
Uno de esos cencerros, fechado en 1930 y fabricado artesanalmente por Urbano Jiménez, un pastor trashumante de Cervillego de la Cruz (Valladolid), forma parte de la exposición Fabricantes de tonadas, promovida por la Fundación Joaquín Díaz e inaugurada este miércoles en Valladolid, donde podrá verse hasta el 10 de noviembre.
El Ayuntamiento de la ciudad española de Valladolid ha reconocido la trayectoria de Joaquín Díaz en la investigación, preservación y difusión de la cultura tradicional, en un emotivo homenaje celebrado hoy en el Salón de Recepciones del Consistorio.
El alcalde ha destacado que este reconocimiento se otorga a "un ciudadano ejemplar, que ha enriquecido la identidad cultural de Valladolid y ha sabido transmitir con rigor, humildad y pasión el alma de nuestras tradiciones".
El etnógrafo, investigador y divulgador Joaquín Díaz reúne en Recordando, su nuevo libro, los recuerdos, anécdotas y circunstancias que acompañaron las cientos de grabaciones realizadas a lo largo de más de sesenta años de trayectoria, ofreciendo una mirada personal sobre la evolución de la música tradicional y de la propia industria fonográfica.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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