La mexicana Lila Downs presenta en EEUU su primera recopilación, "The Very Best of El Alma de Lila Downs", con 18 de sus mejores composiciones en un disco que para ella supone "un agradecimiento a la vida".
"Este disco contiene lo mejor de nosotros", comentó Downs en alusión a su trabajo con Paul Cohen, su compañero musical y sentimental.
Lila Downs inició su gira europea 2009 presentando su "Ojo de culebra" en concierto en el Auditori de Barcelona.
Repertorio: Black magic woman (Peter Green), Agua de rosas (Lila Downs y Paul Cohen), Vámonos (José Alfredo Jiménez), Yo envidio el viento (adaptación de I envy the wind de Lucinda Williams), Los pollos (tradicional), La cucaracha (corrido tradicional), Minimum wage (Lila Downs y Paul Cohen), Justicia (Lila Downs y Paul Cohen), Tierra de luz (Lila Downs y Paul Cohen), La línea (Lila Downs y Paul Cohen), Ojo de culebra (Lila Downs y Paul Cohen en ritual protector), Paloma negra (ranchera de Tomás Méndez Sosa), La cumbia del mole (Lila Downs y Paul Cohen), La sandunga (son istmeño de Máximo Ramón Ortiz), Perro negro (Lila Downs y Paul Cohen).
La cantante mexicana Lila Downs recaló el jueves en Los Ángeles (California) para presentar el repertorio de su disco “Ojo de Culebra” en un concierto tan original en géneros musicales como la propia intérprete que le canta a la Pachamama y a los expatriados del mundo.
Acompañada de músicos impecables de Nueva York, San Francisco y buena parte de Latinoamérica, Downs se despachó sola con los temas que en su último disco interpreta en dúos, como “Perro Negro” grabado junto a Ixaya Mazatzin Tleyotl, el último nombre artístico de Rubén Albarrán, cantante de Café Tacuba y “Tierra de Luz”, que grabó con Mercedes Sosa.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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