El mono espabilado

Pedro Guerra y el ángel de las cosas sencillas

por Carles Gracia Escarp el 11/11/2011 

El cantautor canario sigue compartiendo con su público pequeñas historias en su nuevo disco de temas inéditos en edición propia, mañana 12 de noviembre lo presenta en el Teatro Coliseum de Barcelona.

© Pedro Guerra

© Pedro Guerra

Cuando apenas era conocido por la mayoría, Pedro Guerra formaba parte de mi selecto club de amigos cantantes, así los llamaba una querida amiga. Yo le descubría a veces nuevos autores, se los hacía escuchar y a menudo ella me preguntaba: ¿y éste también es amigo tuyo?, y luego se sonreía.

Ella se interesaba por mis amigos y en sus canciones, en reconocerlas y sentirlas, en disfrutarlas y hacerlas también suyas, me acompañaba a los teatros para vivirlas en directo y a menudo se emocionaba. Pedro fue uno de aquellos “amigos” míos, y al poco tiempo también fue el suyo, ella se enamoró de Pedro y de sus canciones y lo disfrutó mucho en lo sucesivo.

Ella nos dejó hace un año, de manera precipitada sin apenas tiempo para despedidas, se fue muy pronto, hoy la vida sigue su curso y Pedro sigue componiendo nuevas canciones y cantándolas, estoy seguro de que Carolina seguirá escuchándole desde algún lugar, en más de un teatro, ciertas canciones siempre me traerán su recuerdo, vaya este pequeño homenaje en su memoria y que siga la música.        

Hemos ido siguiendo la trayectoria de Pedro Guerra desde sus ya lejanas Golosinas (1995), le hemos acompañado tanto discográficamente como en sus directos, pocas son las presentaciones de sus discos con falta, y precisamente por esa cercanía a lo largo que tengo con su camino siento proximidad y al tiempo cierta complicidad como espectador y consumidor de su obra, sus nuevas propuestas siempre son objeto de deseo y la espera un proceso no ajeno a la curiosidad por escucharle de nuevo y al mismo tiempo uno siempre se pregunta: a ver qué nos trae de nuevo Pedro.

Talento y sensibilidad han acompañado la trayectoria artística de Pedro Guerra, gran observador de la realidad, reflexivo y asombrado por lo cotidiano, atento a los detalles como un niño curioso, capturando en sus canciones el ángel invisible de las cosas sencillas que le rodean, a él y a sus deseosas musas. Quizá también ha tenido acompañándole siempre en su camino esa pizca de suerte que otros cantautores no han tenido, pero una suerte del todo merecida y bien arropada por su genio artístico.

Atrás quedó aquel tiempo sabático que se tomó y en el que nos dejó sin música después de mostrarnos sus Bolsillos en 2004 -sin conciertos entre julio de 2005 y febrero de 2008- y hasta su reaparición con sus nuevas historias llenas de Vidas en 2008, también publicadas en grabación en directo en 2009 (Vidas en vivo), luego su trayectoria viajó y sumó a su maleta de canciones ese par de colecciones de joyas clásicas latinoamericanas que fueron Alma mía (Volumen 1) también en 2009 y Contigo en la distancia (Volumen 2) en 2010.

Ahora llega con El mono espabilado, trabajo de cosecha y edición propias (Mansi Producciones), sin más intermediarios, en el que vuelve a sus canciones, a su propio repertorio, en el que nos sigue descubriendo y envolviendo en su propio universo creativo, con su ideario musical más íntimo y personal, diría que en esta ocasión con cierto sabor a sus Golosinas en algunos capítulos, una muy buena referencia en el recuerdo, ampliando ahora su planeta Guerra con esta colección de canciones en las que sigue reflejando aspectos y descubriendo perlas que a otros a menudo se nos escapan.

El observador tranquilo sigue en 2011 alimentando con emociones su despensa musical, sirviéndose de referencias de diversa índole, literarias, extraídas de su propia experiencia, narrando historias que remiten a otras, con la magia de los cuentos infantiles, imaginando y contando recorridos vitales, a veces aparentemente Pedro nos explica un cuento y en el fondo no lo es tanto, trae finales felices y algunos desencantos de la realidad más cruda, algunos posos de café, huellas de vida, secretos de remotos pasados, perfumes de existencias y de superación personal, indeseables olvidos e injusticias que denuncia con su guitarra y su voz a quien le quiera escuchar, humano y siempre sereno.

Decía Serrat hace algunos años que era todo un riesgo en los tiempos que corrían –más ahora- dedicarle una canción a una rosa, hacía referencia a su tema La rosa de l’adéu (Material sensible, 1989), en 2011 Guerra nos habla de temas que no están de moda, como puede serlo el frágil vuelo y aventuras de una mariposa, o de la reivindicación del cine de autor y de la sensibilidad de Andréi Tarkovski (1932-1986) y lo hace como Serrat, libremente, convencido de lo que expresa, compartiendo en su obra una nueva colección de historias con el enfoque de su mirada poética, como autor puede darse por satisfecho, mensaje entregado y parece que bien recibido por su público, todo un triunfo haber conseguido esa fidelidad ansiada que todo artista anhela, premio y aliciente para seguir adelante, cantando.

En este conjunto de nuevas canciones, Pedro Guerra nos cuenta algunas de estas historias:

Empieza hablándonos de la pérdida de la inocencia en Caperucita roja, ¿quién nos robó el candor? y de caperucita y el sinvergüenza del lobo del cuento a El mono espabilado que nos pudiera recordar a cualquiera, sobre la evolución humana, un mono que es mono y que es persona y entre otras cosas se enamora, especialmente lo hace a ritmo de rap. Le sigue un homenaje a La maestra republicana que tanto enseñó a los que perdieron, a la que tanto debemos, su corazón al final perdió dos veces, va por ella esta canción.  

Y con Mi locura, la de Pedro Guerra y la de Miguel Poveda, un dulce de canción y añadiría que con la voz de mi perdición ¿podía Pedro elegir mejor compañía? Parece que no, ese dúo hace muy especial el tema, muy posiblemente habrá continuidad con una próxima colaboración más extensa entre ambos artistas en un futuro proyecto común, en ocasiones mis amigos se unen y crean belleza. Después llega La que camina, un pedacito de evolución humana condensada en esta historia, para seguir con una de piratas de la Isla del Tesoro en El baúl de Billy Bones, del paso de la adolescencia a la edad adulta, el pirata esconde el mapa del tesoro y muchas otras cosas que descubrir.

Y en Aquella vieja canción, junto a Iván Ferreiro, describe el tiempo del olvido de las canciones perdidas, o de la mala memoria colectiva ¿olvidaremos también las canciones de Pedro? Contra el olvido. Y nos vamos al cine pasando por las estrellas, un tema de homenaje al cine de autor y su poesía de movimiento sutil  desde el Asteroide Tarkovski. Y a continuación la historia de una adelantada a su tiempo, una revolucionaria de la Historia, de su mundo y hasta del actual, en pro de los derechos de la mujer, su historia de Teodora.

Luego, unas cuantas dosis de cosas buenas de la vida para Nunca más estar triste, receta mágica para el optimismo con sabrosos ingredientes y bien cocinada. Verdades como puños en Gente tóxica, tal vez la historia más realista del disco, sobre las decepciones del ser humano en convivencia con sus semejantes. Nos distraemos siguiendo el vuelo de una mariposa en Monarca, como si fuera un cuento, aquí se nota la positiva influencia de la paternidad en el cantante, y de una mariposa monarca a El rey de la selva que en realidad no lo es tanto como muchas otras cosas que parecen ser y no lo son en esta vida, sobre la aparente verdad y todo lo contrario.  En conjunto 13 historias, 13, para seguir profundizando en el personal universo creativo de Pedro Guerra.          

A quien siga sus caminos, Pedro señala realista, si no se venden los discos no habrá más discos ni nuevas canciones, así de claro defiende su pequeño espacio creativo en estos difíciles momentos para la música y para casi todo y todos.

En la web oficial de Pedro Guerra encontramos información adicional a las canciones que pueden aclarar matices y resolver algunas dudas (también disponibles en los comentarios anexos al disco en Cancioneros.com). Los dibujos originales del propio artista que ilustran el disco así como los vídeos que ha colgado en YouTube con enlaces desde su web completan gráficamente la personal obra que el trovador Pedro Guerra comparte hoy con el público, trece canciones en su decimotercer disco tras dieciséis años de trayectoria, trece canciones contra el desánimo: El mono espabilado.

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