Enmandilados o castrados, los carneros de punta portaban cencerros al cuello para guiar a los rebaños trashumantes de merinas por cañadas, cordeles y veredas gracias al sonido que desplegaban y que el etnógrafo Joaquín Díaz, a través de una exposición, ha elevado a la categoría de instrumentos musicales.
Uno de esos cencerros, fechado en 1930 y fabricado artesanalmente por Urbano Jiménez, un pastor trashumante de Cervillego de la Cruz (Valladolid), forma parte de la exposición Fabricantes de tonadas, promovida por la Fundación Joaquín Díaz e inaugurada este miércoles en Valladolid, donde podrá verse hasta el 10 de noviembre.
El Ayuntamiento de la ciudad española de Valladolid ha reconocido la trayectoria de Joaquín Díaz en la investigación, preservación y difusión de la cultura tradicional, en un emotivo homenaje celebrado hoy en el Salón de Recepciones del Consistorio.
El alcalde ha destacado que este reconocimiento se otorga a "un ciudadano ejemplar, que ha enriquecido la identidad cultural de Valladolid y ha sabido transmitir con rigor, humildad y pasión el alma de nuestras tradiciones".
El etnógrafo, investigador y divulgador Joaquín Díaz reúne en Recordando, su nuevo libro, los recuerdos, anécdotas y circunstancias que acompañaron las cientos de grabaciones realizadas a lo largo de más de sesenta años de trayectoria, ofreciendo una mirada personal sobre la evolución de la música tradicional y de la propia industria fonográfica.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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