El trovador mexicano Alejandro Filio, acusó al guatemalteco Ricardo Arjona de hacer "mucho daño a las generaciones con su música", y a su compatriota Paulina Rubio, de "hacer de su vida un escándalo y andar enseñando las nalgas".
Indicó que ese "es el caso de Arjona" y añadió que el intérprete de Señora de las cuatro décadas "está haciendo mucho daño a las generaciones con su música".
Ricardo Arjona dijo que la obra de Fito Páez es "lamentable", entre otros términos de una dura respuesta del cantautor guatemalteco a la "arrogancia" de una velada crítica que recibió de parte del rockero argentino.
Arjona, quien el año pasado hizo una exitosa y larga gira por escenarios de Argentina, respondió así a declaraciones publicadas la semana pasada por el mismo periódico y en las que Fito Páez señaló al guatemalteco como uno de los símbolos de la "aniquilación cultural" que a su juicio padece este país suramericano.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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