El cantautor argentino Gabo Ferro falleció hoy en Buenos Aires a los 54 años dejando una obra artística que exhibe sus indómitas búsquedas y que, en el terreno estrictamente musical, regaló nuevas posibilidades para la canción como género.
Al conocerse la noticia de su muerte, su representante, Celia Coido, emitió un conciso comunicado: "En este triste día, despedimos al adorado artista Gabo Ferro.
El prolífico cantautor Gabo Ferro mostrará el sábado a las 21 en el ND Teatro (Buenos Aires, Argentina), El veneno de los milagros, el singular encuentro con la vocalista Luciana Jury que dio forma a un repertorio inédito sobre el que los dos se lanzaron" como una sola voz, como una sola guitarra", según define el músico.
"Su voz y la mía tienen un origen común y perdido, como milenario, y además ella siente muchas cosas en lo performativo que a mí también me pasan", describe Ferro durante una entrevista con Télam.
El argentino Gabo Ferro presenta su séptimo disco La aguja tras la máscara con doce canciones nuevas zurcidas con el material de la tristeza pero no para quedarse en ella —clásico gesto de la melancolía— sino para mirarla, reconocerla y salirse.
La bailarina de la tapa es Maricel De Mitri y todas las fotos son de Alejandra López. Editado por Oui Oui Records y Costurera Carpintero.
Gabo Ferro (guitarras, percusión y voces) se acompaña por Agustín Durañona (piano, órgano, sintetizador y melódica).
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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