A menudo, echo de menos en un cantautor que sea creíble en lo que me está contando, no es fácil encontrar a alguien que —independientemente de que conectes con sus canciones o no, puedas verte reflejado en ellas o no—, te emocione y te haga sentir a gusto en sus conciertos. Esto sin duda para mí, lo encuentro con Alfonso Mora.
Hijo de L'Hospitalet (Barcelona), Alfonso Mora pone a exposición pública las canciones de Saliva y suerte (La Produktiva Records,2011).
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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