Cien años alcanzaría hoy Sixto Doroteo Palavecino, violinisto sachero (como se definía para exacerbar su evidente linaje del monte santiagueño), compositor de inspirados gatos y chacareras y persistente defensor de la lengua quichua, que le fue negada en su educación formal y luego irradió a través de la música.
El máximo difusor del quechua en Argentina, el violinista y compositor Sixto Palavecino, falleció hoy a los 94 años de edad como consecuencia del agravamiento de su delicado estado de salud. Palavecino, que padecía el Mal de Chagas desde años atrás, fue tratado por problemas cardiológicos, pero se complicó a raíz de una fuerte neumonía.
Artífice del violín sachero (del monte), produjo composiciones bilingües y se encargó de traducir canciones, poemas, libros —a él se debe la traducción del Martín Fierro al quechua, tarea que le demandó varios años de trabajo— e incluso las estrofas del Himno Nacional Argentino del castellano al quechua.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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