Seis de diciembre de 2008, nueve y media de la noche, Alejandro Filio cantaba en la Sala Galileo, de Madrid.
Claudina, en concreto, nos aportó su sensibilidad poética, la tremenda belleza de su voz y su extraordinaria capacidad para la interpretación.
Alberto, por su parte, nos proyectó su profundo sentido de la música y su lucidez armónica, y rompió el molde de quienes pensaban –todavía en aquel momento– que, para componer una buena canción, bastaba con disponer de un texto interesante y comprometido y de unos cuantos acordes de guitarra que le sirvieran de acompañamiento.
Su padre, don Francisco Iglesias Amor, fue un famoso cantor, compositor y actor argentino. “Mi viejo –escribe Rafael– fue uno de esos pilares de la música popular que debido a su obra y trayectoria ostentaba esa categoría de prócer indiscutido, un referente. Él y otros de su mismo rango pertenecían a una generación de artistas que en nada se parecían a los que hoy se estila.
Él mismo reiteraba y aclaraba esa cuestión en el texto de presentación de su disco El payador perseguido, grabado con Omar Berruti (Fonomusic, 1996).
Carlos, con su corazón “siempre mirando al Sur”, es un músico y un guitarrista excepcional que, además, canta; y lo hace con eso que en el lenguaje flamenco se llama “jondura”, es decir, con una voz que le sale de lo profundo y que suena a suspiro o a desgarro del alma; voz interior percibida, en ocasiones, como lamento o quejío, y, otras veces, como confidencia amable y amiga que adquiere, en el tono sobrio de su voz, el valor de la palabra tierna, creíble y verdadera.
Forjado en ese clima de compromiso y de humanidad, Quintín empezó a componer sus primeras canciones ya a los dieciséis años, cuando, tras la muerte de su padre, los compañeros del Liceo Nocturno le regalaron su primera guitarra.
La biografía de Olga Manzano ha estado vinculada, durante muchos años, a la de Manuel Picón, compañero artístico y sentimental que, lamentablemente, falleció en 1994. Este CD, titulado Presentimientos, es el primero grabado por Olga tras la ausencia de Manuel, y es el testimonio más tangible de su renovada y espléndida aventura artística en solitario.
Olga nació en Angaco, provincia de San Juan (Argentina), el 13 de mayo de 1940. Muy joven, cursó estudios de canto, de danza y de teatro; actividades artísticas a las que ha dedicado toda su vida, bien como compositora, bien como intérprete y profesora.
Indio Juan fue uno de esos grandes creadores argentinos que un día se vio obligado a abandonar su país dado el acoso político al que se sintió sometido como consecuencia de su pasión por la libertad, y de la postura comprometida que siempre mantuvo contra la dictadura y en defensa de los derechos humanos; exilio forzoso que le condujo hasta España, donde vivió regalándonos permanentemente su arte, su sensibilidad, y, sobre todo, su inmenso corazón, siempre bondadoso y desbordante en generosidad.
La biografía y la obra de Manuel Picón estuvieron vinculadas, durante muchos años, y hasta su muerte –en 1994–, a la de Olga Manzano, su compañera artística y sentimental.
Olga nació en Angaco, provincia de San Juan (Argentina), el 13 de mayo de 1940. Muy joven, cursó estudios de canto, de danza y de teatro; actividades a las que ha dedicado toda su vida, bien como compositora, bien como intérprete y profesora.
Manuel nació en Montevideo (Uruguay) el 7 de febrero de 1939, y, al igual que Olga, cursó estudios de teatro y de música, sobre todo de canto y de guitarra.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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