El cantaor Diego El Cigala asegura que se siente "un pedacito" de América Latina en una entrevista con Efe en Buenos Aires, donde presentará esta semana su espectáculo Sintiendo América.
"Me siento un pedacito de América Latina". "Son muchas emociones, me siento un pedacito de cada lado, no pertenezco a ningún estado fijo", afirma el artista, bautizado por Camarón de la Isla como "El Cigala" y "Dieguito, el príncipe de El Rastro", en alusión al barrio madrileño donde nació en 1968.
El artista español Diego el Cigala presentará su último disco, Cigala & Tango, a lo largo de más de treinta conciertos que ofrecerá en Venezuela, Colombia, Argentina, Uruguay, Perú, Chile, Ecuador, Costa Rica y Estados Unidos.
El cantaor Diego "El Cigala" presenta hoy lunes en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su último disco Cigala&Tango, grabado en el concierto que tuvo lugar el pasado 29 de abril en el mítico Gran Rex de Buenos Aires, un proyecto en el que funde las raíces del flamenco con los tangos de figuras como Carlos Gardel y Ástor Piazzolla.
"El flamenco y el tango son géneros distintos pero van de la mano, porque son músicas del alma, nocturnas y con duende", afirma Diego 'El Cigala'. El músico publica el próximo domingo el directo Cigala & Tango, grabado en Buenos Aires y en el que colaboran nombres de la música argentina como Calamaro.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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