El 19 de diciembre se cumplirá un siglo del estreno del tema peruano de mayor renombre, El cóndor pasa..., del cual se han hecho más de 4.000 versiones en todos los géneros y es considerada la composición que mejor representa la identidad nacional.
La obra, "un boceto dramático en un acto y dos cuadros", fue escrito por Julio Baudouin.
Cuando se cumplen 100 años de su estreno, los próximos 14, 15 y 16 de noviembre en el teatro de la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima (Perú) se representará la célebre zarzuela El cóndor pasa compuesta por Daniel Alomía Robles bajo un libreto de Julio Baudouin.
La Zarzuela, compuesta originariamente por Daniel Alomía Robles bajo un libreto de Julio Baudouin, tiene como fuente un hecho en el asentamiento minero Yapaq de Cerro de Pasco, y constituye una obra de denuncia social.
Aunque es casi un segundo himno nacional del Perú, El cóndor pasa forma parte de una zarzuela que no se representa en el Perú desde hace 97 años. Tras la interesante y muy poco conocida historia de esta pieza, fue el periodista Ernesto Toledo Bruckmann, quien acaba de publicar El cóndor pasa: mandato y obediencia, aguda investigación donde rastrea el contexto en que se produjo la pieza.
De hecho, aprovecha para mencionar que el cóndor es la figura principal de la pieza, estrenada el 19 de diciembre de 1913 en el Teatro Massi, utilizado por obreros y anarcosindicalistas. "Es una zarzuela crítica con su sociedad, que nunca se analizó", afirma.
Tras la publicación del disco Tinc una casa al mar, Joan Isaac vuelve a editar un nuevo trabajo: Azimut, en el que se encuentra acompañado por el músico y compositor Eduard Iniesta. Durante 2023 fue publicada una recopilación antológica de la obra del artista, compuesta por veinticinco cedés, como parte de la conmemoración de sus cincuenta años de oficio y 70 de vida, que culminó con un gran concierto en El Palau de la Música catalana y la edición de Joan Isaac al Palau en 2024. Azimut es su más reciente creación, una obra protagonizada por unos textos profundamente poéticos, vestidos fundamentalmente por voz y cuerdas.
Hay discos que no necesitan levantar la voz. Azimut es uno de ellos. Joan Isaac presenta un trabajo hecho desde la contención, desde ese lugar donde la canción deja de ser ornamento para convertirse en algo casi necesario. Un disco minimalista, preciosista, trabajado con una delicadeza profundamente orgánica. Como todo en Isaac, un acto de fe.

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