Este fin de semana con el concierto del Pont d'Arcalís y Kepa Junkera, ha llegado a su final la vigésimo novena edición del festival Tradicionàrius. Un incremento de asistencia del 20% en más de 40 propuestas de diversos formatos programadas en la sala de conciertos del C.A.T. y en otros espacios en colaboración han dejado constancia de la vitalidad del género con un objetivo claro para su edición número 30: seguir existiendo.
El C.A.T. es una experiencia casi inédita en el panorama de la música popular europea. Festivales, talleres, encuentros y un centro de programación estable en un país donde el folclore "juega en segunda división". Jordi Fàbregas nos ayuda a presentar el panorama actual del C.A.T. y nos da ideas para el futuro más inminente; que en su caso también pasa con la celebración de una gran efeméride: el XXV Tradicionàrius.
La experiencia del Tradicionàrius empieza a ser positiva y al cabo de unos años, se integra en el desarrollo cultural del barrio de Gràcia, de Barcelona, e intenta (a mi juicio con un éxito) impregnar el resto de los territorios de expresión catalana de su filosofía, participando de la creación de nuevos “Tradicionàrius” en diferentes lugares con la idea de crear el germen de un pequeño festival y dejar que por si sólo crezca.
Y seguimos hablando con Jordi Fàbregas, ahora ya no de los orígenes de la música folk y tradicional catalana sino del nacimiento del Festival Tradicionàrius y de su sede, el C.A.T., uno de los centros de promoción de la música tradicional y popular más importantes de Europa.
El C.A.T (Centre Artesà Tradicionàrius) es un centro de música tradicional. Una experiencia única en Europa, en donde la música folclórica es residual y marginal. Hablamos con Jordi Fàbregas, director del Festival Tradicionàrius y del C.A.T. —sede del festival— en una entrevista que hemos dividido en tres partes.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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