Con la presencia de su compañera Lole y de sus hijos Ferran y Dayman Cabrera se celebró ayer en Barcelona el homenaje al trovador uruguayo Quintín Cabrera desaparecido el pasado mes de marzo.
Seguramente no por gratitud —creo que Quintín ya sabía de nuestro agradecimiento— pero sí para luchar contra el olvido se celebró ayer en Barcelona un concierto-homenaje en recuerdo de Quintín Cabrera que reunió a su compañera y a sus hijos, a muchos compañeros de clandestinidad y de lucha que dieron testimonio de aquellos años y a varios trovadores que cantaron quince de sus canciones.
No pude saludarle, claro; estaba ya en el hospital finiquitando con la vida.
Me vienen a la memoria aquellos años,y digo años porque eso le parecia a mi madre que nos chillaba: "otra vez la de señor presidente,ya me tenéis hasta el coño con el señor presidente" ,ó aquella vez en los garajes de los autobuses Saltua,cuando estábamos firmemente convencidos de que podiamos hacer algo grande y la juventud nos llenaba el corazón y nos enviaba al horizonte.
Quintín Cabrera falleció este mediodía en un hospital de Madrid, por complicaciones que surgieron tras un trasplante de pulmón al que se sometió en enero pasado, informaron fuentes de la familia. El próximo mes habría cumplido 65 años.
El trovador uruguayo, que estaba radicado en España desde 1968 —primero en Barcelona y luego en Madrid y Guadalajara— presentó hace apenas cinco meses su último CD Naufragios y Palimpsestos dentro de la colección El canto emigrado de América Latina cuando ya se encontraba aquejado por la grave enfermedad pulmonar.
Forjado en ese clima de compromiso y de humanidad, Quintín empezó a componer sus primeras canciones ya a los dieciséis años, cuando, tras la muerte de su padre, los compañeros del Liceo Nocturno le regalaron su primera guitarra.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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