Yo me encontraba hilvanando ideas para hacer de este domingo una fiesta de palabras al reseñar la “toma” de la Casa de las Américas, en sus cincuenta años, por tres jóvenes trovadores. Yo me preparaba para armar un párrafo confesando que pocas veces un músico había removido en mí tantas fuerzas espirituales juntas como, desde hace un par de años, lo ha conseguido con su obra —letra y música— uno de ellos: el joven villaclareño Leonardo García (Leo para sus amigos).
El trovador Ángel Díaz, fundador del importante movimiento del filin, falleció el pasado 22 de diciembre y fue sepultado ayer. Había nacido el 23 de diciembre de 1921, en La Habana.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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