Renata Flores canta rap y trap en quechua, mezcla modernidad y ancestralidad al mismo tiempo que une estilos, y compone sobre feminicidios o el cambio climático, como muestra el último trabajo que presentó este martes en un encuentro virtual con la prensa extranjera en Lima.
Además, la cantante comenzó a escribir sus propias canciones gracias a este género, "escuchando rap empecé a componer, sentí que así fluían mejor las letras y sentía que los sonidos andinos se mezclaban muy bien con los del rap y trap".
El fenómeno del rap y del trap se ha extendido por el mundo y adoptado diversas formas. En América del Sur, cada vez son más los artistas que eligen hacer esta música en su lengua originaria: el quechua, y su éxito se ha extendido por fuera de los hablantes nativos.
En simultáneo, el mundo del rap y del trap también ha crecido en la región, y son múltiples los artistas latinos que han alcanzado éxito internacional con estos géneros.
El quechua, la lengua indígena más hablada de América, se reivindica en Perú a ritmo de los géneros musicales más modernos y vigentes como el rock, el blues, el pop, el rap e incluso el trap, para derribar la barrera de la discriminación que todavía implica utilizar el idioma de los incas en su propia tierra.
Los pioneros fueron la banda de rock y blues Uchpa (cenizas, en quechua), que ya lleva más 25 años con el "runasimi" (lengua del humano) y el folclor andino como bandera de su música, cantada por Fredy Ortiz y compuesta por el guitarrista Marcos Maizel.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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