El domingo pasado, día 2 de noviembre, tuve la suerte, la alegría y el placer de compartir con Marta Espinosa su primer recital "oficial" —o sea, de estreno— en la Sala Libertad 8, de Madrid.
Ella —¡inalterablemente hermosa!— se sentía triste, maltratada, ausente, sola, ignorada... Hace muchos años que no había sentido tanta desolación.
Intentó reivindicarse a sí misma en un bosque de almendros...; en las pinceladas de Antonio López y de Joan Miró...; en una puesta de sol y en un claro de luna...; en los versos de Neruda y de Miquel Costa i Llovera...; en el gesto de amor de unos amantes sin prejuicios y apasionados...; en un beso, en una caricia; en Mahler y en Max Bruch...; pero todo fue inútil...
Si tuviera que sintetizar en una sola palabra la cualidad más determinante de la obra desarrollada por Alejandro Martínez —tanto desde el punto de vista musical, como del poético— elegiría, sin duda, la palabra "sensibilidad"; cualidad presente en toda su trayectoria creativa, pero que progresivamente se ha ido nutriendo y madurando en el ejercicio y en el disfrute de su "libertad".
«Voy a aprender —nos cantaba entonces— a disfrutar de todo cuanto soy,
de todo cuanto doy y es bueno».
Relacionado con un nuevo libro que estoy escribiendo para la Editorial Milenio —creo que es el que hace el número treinta—, vengo soñando y diseñando —desde hace más de seis meses— la posibilidad de crear y de montar un recital-espectáculo centrado sobre la "joven canción de autor", que, coincidiendo con la salida del libro, pudiera ser presentado en gran parte de España y, muy posiblemente, en algunos países latinoamericanos.
Digo esto, porque dentro de ese sueño y de ese proyecto —si pudiera hacerse realidad— me gustaría contar —por supuesto, si ella quiere— con una "cantautora" gallega a la que he llegado a admirar profundamente: OLGA ANDRÉS.
Si George Brassens viviera y le hubiese llegado a París el nuevo disco de ALFONSO DEL VALLE: «Güena gente» —yo me habría encargado de mandárselo—, estoy completamente seguro de que, tras escucharlo, aprovecharía la primera oportunidad que tuviera de venir a España para pasarse por Sevilla, sentarse de incógnito una noche en la Sala La Estación, y escuchar a Alfonso en directo...
«Me dicen que no tengo nada,
que no he sabido hacer fortuna.
Siempre se me cayeron las lunas
por el roto del pantalón.
En estos tiempos en que la cultura –la gran cultura, la de verdad– es una de las mayores víctimas de la crisis económica y de los recortes políticos y capitalistas; momentos en los que cada vez está siendo menos protegida y valorada –algunos aseguran que por su improductividad–; se hace necesario, urgente e imprescindible destacar y aplaudir –aplaudir con fuerza– iniciativas como las que acaba de liderar el "histórico" cantautor de la Comunidad Valenciana llamado PACO MUÑOZ.
El cantautor madrileño Manu Míguez se proclamó la semana pasada vencedor del Primer Certamen de Cantautores, organizado por la "Asociación Cultural La Estación de Sevilla.
«Siento que a veces el mundo dispara y me quedo varado en el tiempo.
Siento que todo es reflejo del antes, se borra el camino y me pierdo.
El cantautor Canario Diego Ojeda presenta su nuevo trabajo de estudio Canciones para amantes sin futuro, un disco triple producido y grabado en México.
A mí lo que me gusta es tener el disco en mis manos, quitarle el retractilado –aunque a veces es un martirio conseguirlo–, palpar la carpeta, contemplarla, explorar sus interiores y después sentarme tranquilamente a escuchar las canciones acudiendo al libreto cuando la curiosidad me reclama alguna información.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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