La exquisita cantante argentina Lidia Borda inició anoche una serie de conciertos en Café Vinilo (Buenos Aires, Argentina), donde además de cautivar a partir de algunos tangos, sorprendió a un cálido público al abordar con naturalidad y solvencia un repertorio yupanquiano que prepara para un nuevo disco.
Chacarera de las piedras, Piedra y camino y La pobrecita, son algunos de las personales versiones que estrenó en un recital plagado de matices y en el que su voz, su modo de expresar, su afilada afinación y la prudente utilización de sus infinitos recursos, fue protagonista.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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