La cantautora barcelonesa Maria Coma presentó en el Petit Palau del Palau de la Música de Barcelona el pasado 14 de marzo su nuevo disco Maria canta copla con una sala prácticamente llena y un público rendido en un concierto de los que se recuerdan durante tiempo.
La compositora catalana Maria Rodés lanza esta semana un nuevo álbum, Maria canta copla, con el que da un abrupto giro a su trayectoria para fijarse en un género que a priori no tiene demasiado que ver con sus anteriores trabajos, enmarcados dentro de la música independiente y underground. "Pero no estoy tan lejos de ser una coplera actual", asegura.
En esta línea, Rodés recalca que es "bonito darse cuenta de ese vínculo" y constatar que ella no está "tan lejos de ser una coplera actual", aunque la forma final de sus canciones "sea muy distinta".
La catalana Maria Rodés lanza «Maria canta copla», un disco en que la cantante y compositora lleva a su terreno la copla y la acerca a su público, que mayoritariamente desconoce el género. Lo presentará en vivo el 14 de marzo en Barcelona y los días 27 y 28 de marzo en Madrid.
Efectivamente, aunque afortunadamente muy reivindicada hoy, la copla —lo que antes se conocía como "canción española"— es un género todavía demasiado asociado a la época franquista, a esa España casposa —la peor de las dos Españas— y a unos usos y costumbres que debieran estar ya muy superados.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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