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Festival Barnasants 2010

Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina, un ansiado y largamente esperado encuentro

por Joan Carles Martínez el 19/02/2010 

Desde la “cintura” del continente nos llegaron los aires folclóricos y la riqueza de los ritmos centroamericanos, de uno de sus pueblos libres: Nicaragua.

El teatro Joventut de l’Hospitalet, lugar habitual para que el Festival Barnasants exhiba alguno de sus conciertos, se vistió de gala una vez más para recibir a uno de los más grandes en la música de autor de Latinoamérica: Carlos Mejía Godoy.

 

Fue un encuentro largamente esperado puesto que el grupo no estaba por aquí desde hacía 11 años. Lejos quedan ya las canciones que sonaban en los medios y que cantaban viejos y chicos a finales de los 70, cuando sus “perjúmenes” aromatizaban las calles, los patios y las casas y donde andábamos todos “sulibeyados” ante los ritmos frescos, pegadizos y festivos de un grupo de jóvenes llegados desde lejos.

 

No sería bueno que a Carlos y a su grupo se les conociera solo por esas canciones, que siendo importantes y sin quitarles ninguno de sus méritos, terminaran siendo su tarjeta de identidad, porque si pensamos que Carlos Mejía Godoy se resume en dos canciones pegadizas estamos tirando por la borda la labor de muchos años de un combatiente por la libertad de su pueblo. Y ahí, amigos hay que dar al César lo que es de ley y recordar los muchos años que Carlos, a través de su música y junto a su grupo ha peleado, acordeón y guitarra en mano por su país, por la libertad, por la felicidad y la paz. Si no lo hacemos así, estaremos cometiendo no solo una torpeza sino también una frivolidad y una injusticia.

 

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado decía en 1982: “Yo no sé cuánto debe la Revolución a las canciones de Carlos Mejía Godoy, que lograron organizar un sentimiento colectivo del pueblo, extrayendo sus temas y sus acordes de lo más hondo de nuestras raíces y preparando ese sentimiento para la lucha.”

 

Uno de sus trabajos más celebrados que llegaron aquí, como a otros muchos lugares y que gozaron pronto del éxito popular fue su Misa Campesina. Fue un trabajo fabuloso y no pasó desapercibido en los medios musicales españoles que enseguida se organizaron para hacer una versión propia que vio la luz con Elsa Baeza, Miguel Bosé, Sergio y Estíbaliz y unos cuantos más. Pero por ironías del destino y también por la dictadura somocista, (que algo tuvo que ver), la excelsa y maravillosa obra fue prohibida por el aparato eclesiástico nicaragüense por alejarse del sentido litúrgico y de este modo la Misa Campesina sonó en muchos países del mundo excepto en el lugar que la vio nacer. Fue traducida a ocho lenguas diferentes y se cantó y se sigue cantando aún en 20 países. Por suerte y desde hace ya años, en Nicaragua también.

 

Ya metidos en materia diré que el teatro presentaba un excelente aspecto. Una buena entrada y gente de todas las edades (curioso dato) con ganas de aplaudir, bailar, gritar y pasarlo bien. Y así fue. Hubo tiempo para los ritmos más movidos y también para la contenida emoción con Las campesinas del Cua, para cuya interpretación Carlos pidió silencio y respeto por esas mujeres que dieron su sangre por la liberación de Nicaragua”. La emoción se volvió a revivir ante Nicaragua, Nicaragüita. Así pues diré que hubo de todo, mucha fiesta, mucho entusiasmo, mucha diversión y también emotividad y emoción.

 

Carlos se mostró como un ser cercano, dialogante, músico, artista. Emocionado y feliz por su regreso a Barcelona, presentó a la cantautora mexicana María Inés Ochoa que también estaba en la ciudad para su actuación en el Festival, y con quien cantó El Cristo de Palacagüina, no sin antes evocar con sumo cariño el recuerdo de su madre, Amparo.

 

Le acompañaron su inseparable Silvio Linarte con Eugenio Granera y César Esquivel en guitarras, Hugo Castilla en teclados y Carlos Luis Mejía Rodríguez en la marimba. Muy bien el grupo en su conjunto, con una preciosa combinación de voces.

 

Después de escuchar la hermosa explosión de música y emociones vividas a uno le entran las ganas de tomar un avión y marcharse hasta Nicaragua, Nicaragüita. A eso, señor Mejía se le llama ser un excelente embajador. A eso amigo, yo también le llamo ser trovador.

 


DE izquierda a derecha y de arriba a abajo: Carlos Mejía Godoy, Silvio Linarte, Eugenio Granera, Hugo Castilla, César Esquivel y Carlos Luis Mejía Rodríguez.
© Xavier Pintanel







 
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