El cantautor argentino Alberto Cortez donará a varios grupos indígenas de México el dinero que recaude con su última producción discográfica.
EFE - Los beneficios de Alberto Cortez, sinfónico, grabado en vivo en el Auditorio Nacional de Ciudad de México en 2010, acompañado de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Xalapa Veracruz, dirigida por el maestro Antonio Tornero, serán canalizados a través de la fundación Hermes Music a diversas comunidades nativas del país, aún sin concretar.
El artista así lo quiso para pagar su deuda con el pueblo mexicano por su cariño y atención para con su música, según dejó patente en un comunicado.
La fundación invertirá el dinero en becas de estudio, atención médica, reparto de juguetes y alimentos, y asesoramiento legal a migrantes, aseguró su presidente Alberto Kreimerman. También se donarán 3.000 guitarras para que los indígenas sigan creando música.
"Creemos firmemente que la música puede curar el alma de aquellos que lamentablemente tienen olvidados los gobiernos", afirmó el dirigente de la fundación.
El disco salió a la venta este mes con temas clásicos de Cortez como Cuando un amigo se va, En un rincón del alma, Mi árbol y yo, Miguitas de ternura y No soy de aquí.
El cantante nacido el 11 de marzo de 1940, compuso sus primeras canciones a los 12 años.
La fundación ya lanzó anteriormente un proyecto benéfico en forma de disco, dirigido a ayudar a los migrantes, en el que participaron artistas como Carlos Santana, Ramón Ayala y Willie Nelson.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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