Fernando Lobo navegando entre laberintos y encrucijadas; y coleccionando, en el camino, ilusiones, palabras, dudas y luminosas miradas —hay ojos y miradas por los que merece la pena vivir—, nos ofrece Encrucijada su segunda obra discográfica y con ella la consolidación de su madurez artística como músico, como poeta y como cantante.
Madurez que, en su caso, se asienta y se consolidada sobre un conjunto de realidades que están presentes en su personalidad y en su obra, y a las que no está dispuesto a renunciar. Entre ellas, por ejemplo, la veracidad en todo lo que comunica —intento "tener en cada mano una verdad"—, su capacidad de soñar y de no renunciar a sus sueños —"tengo el deseo en la boca de soñar en voz alta"— y, sobre todo, y de esto soy testigo, su honestidad, su capacidad de aprender y su extraordinaria sencillez y sensibilidad.
Con todo ello su nuevo disco alcanza una belleza y una calidad poética y musical de las que uno celebra y echa en falta en los tiempos que corren; circunstancia a la que contribuyen colaboraciones verbales como las de Carlos Edmundo de Ory —aportación grabada poco antes de morir— y Pablo Guerrero; y, sobre todo, la compacta presencia instrumental de un equipo de extraordinarios músicos integrado por Andy Pérez, Ignacio Lobo, Javier de Miguel, Andy Bustos, Pablo "Chino, y las colaboraciones de Joaquín Calderón, Alejo Martínez, Luis Balaguer, Blas Lago, José Simonet, José Recacha, Jesús Sánchez, Juan J. Almaraz, Paco Guitiérres, Cinty Leiva, Cintia Gutiérrez y Sergio Carrilo.
Sobre el contenido, o la propuesta "po-Ética", que Fernando Lobo formula en sus nuevas canciones considero que hay que resaltar, al menos, tres proclamaciones que llaman la atención porque surgen, en gran medida, a contracorriente de lo que hoy se vende, se impone y se proclama como valores humanos, aunque, en realidad, no son otros más que los "valores del mercado".
En primer lugar Fernando proclama su "po-Ética" y su visión de la vida y del sentido del vivir; «la vida —nos dice— es soñar y caminar afrontando el desafío que supone el horizonte». La vida es seguir creyendo en «subversiones de versos y de sonrisas», y no dejarse atrapar de los ruidos y de los escaparates para seguir anclados en la esperanza, es decir, para seguir buscando, pese a todo, al "unicornio perdido" y a la "rosa azul de Alejandría". (Hermosos guiños que Fernando dedica a Silvio Rodríguez y a Javier Ruibal, de quienes tanto aprende y a quienes tanto admira).
En esa perspectiva de vida y de esperanza cabe destacar la palabra y la voz de Edmundo de Ory en la canción "Si tuviera": «Si tuviera un caballo en vez de una metáfora volaría lejos de tanta tristeza… La risa es el sexo del alma».

En segundo lugar, en el disco de Fernando nos encontramos con una "po-Ética" del amor fundamentada en la pasión: que es deseo, piel, cuerpo desnudo de luna, fuego, ternura salvaje, beso, caricia, luz, mar de miradas…; "po-Ética" del amor que, en la voz de Pablo Guerrero, Fernando apuntala afirmando: «Por las esquinas de mi deseo van tus huellas regalándome alas».
Y en tercer lugar, en este nuevo disco se manifiesta una clara "po-Etica" de admiración y de gozo apasionado hacia la "tierra"; hacia la tierra en la que se vive y a la que se ama; en este caso hacia Cádiz —donde Fernando vive— y hacia Cuba: «hermosa y madre, canción y risa, suspiro y brisa»; esa Cuba tan amada que nunca debería perder«su derecho a ser ala», sobre todo en estos momentos —hoy por ejemplo— en que se está abriendo a procesos de transformación y de evolución necesarios y esperanzadores.
En fin, para concluir mis reflexiones sobre Encrucijada, nuevo disco de mi tocayo Fernando Lobo, decir que merece la pena disfrutarlo… Es una suerte que en mi Sur entrañable siga surgiendo una "canción del Sur" de tanta calidad, de tanta humanidad, y de tanta "altura". ¡Gracias hermano Lobo!
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

Notas legales
Servicios
• Contacto
• Cómo colaborar
• Criterios
• Estadísticas
• Publicidad
Síguenos