Uno de los discos que el confinamiento dejó sin su presentación en el Barnasants 2020 fue Ingràvid (La catenària, 2020) de Roigé, con el que el cantautor catalán reafirmaba su apuesta por una canción mestiza y actual con luz propia.
Ya con su primer LP Paracaigudes (RHRN 2016) Roigé consiguió sobrevolar numerosos escenarios y ganar varios premios.
Textos con un fuerte apuesta poética que retratan un bagaje y una cosmovisión muy personal sobre la libertad y la capacidad de adaptación; los "superpoderes" ordinarios, la reversibilidad y la ingravidez.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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