La VIII Noche de Literatura en la Calle, en una abarrotada plaza de la Merced de Rota (Cádiz, Andalucía), se convirtió en un homenaje al poeta Gabriel Celaya (1911-1991), con motivo del centenario de su nacimiento.
El pasado lunes se celebró en la Sala Galileo de Madrid un sentido homenaje a Gabriel Celaya con motivo de su centenario.
En el concierto participaron Fernando Lobo, Olga Manzano, Anibal Aveiro, Tabaré Picón, Gonzalo de Castro, Pablo Sciuto, Moncho Otero, Manuel Cuesta, Alfonso del Valle, Milagros, Jesús Garriga, Rafa Mora, Antonio Higuero, Juan Antonio Muriel, Laura Granados, Diego Ojeda, Sergio Alzola, Marwan, Paco Cifuentes, Alejandro Martínez, Pablo Guerrero, Dúo Silné y Ángela Biedma; y ejerció como presentador Víctor Alfaro.
El poeta Gabriel Celaya hubiera cumplido 100 años el pasado mes de marzo y un grupo de trovadores capitaneados por Fernando González Lucini va a recordarlo el próximo 25 de abril en la sala Galileo Galilei de Madrid.
Fernando G. Lucini, —musicólogo, periodista y escritor—, se ha hecho cargo de lo que los poderes públicos han olvidado o —pero aún— no quieren recordar y es ofrecerle al poeta un merecido homenaje a los 100 años de su nacimiento y 20 de su muerte.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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