Los argentinos Mariana Baraj y Fernando Barrientos homenajean a Violeta Parra y Gustavo "El Cuchi" Leguizamón en Cuchi Violeta. 100 años, un disco grabado en vivo que presentan este sábado 21 de abril a las 21:00 en el Xirgu - Espacio Untref (Chacabuco 875, Buenos Aires, Argentina).
Cien años después, Fernando Barrientos, nacido en Ecuador por esas cosas de la vida, pero mendocino por donde se lo mire o escuche y Mariana Baraj —porteña de nacimiento, salteña por adopción— se encontraron con la proa apuntando a la luz salvadora de ese faro gigante, levantado hace un siglo por Violeta y el Cuchi al venir al mundo.
Los argentinos Mariana Baraj y Fernando Barrientos, dos de las voces que ensanchan el cauce de la música popular argentina, suman aristas a ese aporte con el tributo "100 años" dedicado al centenario de los nacimientos de Violeta Parra y Gustavo "Cuchi" Leguizamón que este fin de semana pasará por Buenos Aires y Mar del Plata.
La chilena Violeta Parra nació cinco días más tarde que Leguizamón pero lo hizo en San Carlos, región de Chillán, al sur del país, aunque su arte indómito y rebelde no reconoció territorios para explayarse y por ello fue capaz de sembrar mojones en la canción política iberoamericana.
La cantante y percusionista argentina Mariana Baraj editó su quinto álbum solista, Sangre buena, que profundiza su trabajo como compositora y reafirma su vocación por mezclar el rigor de las formas folclóricas con otros lenguajes musicales.
Hija del saxofonista Bernardo Baraj, Mariana, de 42 años, tiene un recorrido propio en el circuito musical con propuestas siempre proclives a la fusión, que ya había alumbrado los discos Lumbre (2002), Deslumbre (2005), Margarita y Azucena (2007) y Churita (2010).
La trovadora argentina Mariana Baraj presenta este jueves en el ND/Ateneo (Paraguay 918, Buenos Aires) su cuarto disco, Churita, y primero en el que todas las canciones fueron compuestas por ella.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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