El pasado 10 de diciembre un abarrotado Wizink Center de Madrid homeanajeaba a Luis Eduardo Aute de la mano de veinte voces como las de Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, Vicente Feliú, Vïctor Manuel, Ana Belén, Pedro Guerra o Ismanel Serrano, entre otros.
Entre la larga lista de agradecimientos, principalmente destacaré a Miki Aute (hijo pequeño de Luis Eduardo), Antonio Peña (su representante) y sobre todo, a Luis Mendo, amigo y fundador del grupo Suburbano, que le acompañaron en los escenarios durante muchos años y en nueve maravillosos discos y también, como no, a Cristina Narea, la voz femenina que acompaña a Eduardo desde hace muchos años.
La cantante y compositora argentina Marcela Ferrari acaba de presentar Impertinente, su último trabajo en solitario.
Según cuenta Marcela "fue una especie de fiesta en capítulos, me tomé mi tiempo, grabé cosas en España, Chile y Argentina aprovechando los viajes de la gira de El gusto es nuestro 20 Aniversario en la que participaba; para volver a acabarlo y mezclarlo en Madrid donde lo empecé".
La cantante y compositora argentina Marcela Ferrari acaba de lanzar Tangos Propios II, su cuarto disco pero el segundo en que la artista rinde homenaje al tango desde su estilo de "tango-canción".
Marcela Ferrari es, en este aspecto, un objetivo para, centrando la discusión, los que están a favor de la más absoluta tradición o los que demandan una modernización del mismo.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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