La formación salteña Los Nocheros replicó en la novena luna del 52 Festival de Folclore de Cosquín el modelo estético que la condujo al premio Consagración —en el mismo espacio— en 1994 y que, aunque conserva la aprobación del público, desde la orilla musical no parece tener mucho más para ofrecer.
Es así que las chacareras y especialmente las zambas aparecen en la voz de Los Nocheros despojadas de sus texturas ancestrales para asumir el color universalista de la canción romántica que tanto cultivó la formación.
Los acentos de la chacarera, la zamba, el chamamé o la canción son asumidos por Soledad con un mismo tono efervescente, enjundioso, celebratorio; y, aunque no sean adjetivos en apariencia siempre deseables en su oficio, son los que permitieron moldear un estilo que anoche fue, una vez más, ovacionado en el Festival de Folclore de Cosquín.
En esa dimensión, Soledad se muestra capaz de dominar los climas de una noche, enhebrar coreografías y desarrollar una veta lúdica con el público o con sus músicos.
Ese contexto ubica a su numeroso elenco de instrumentistas -en especial a las guitarras- en la misión de sostener el contenido musical del espectáculo, al que Soledad le marca el pulso apresurando temas o dejando en suspenso una canción con la idea de alumbrar algún diálogo con el público.
La cantautora cubana Yusa, una de las pocas figuras internacionales que ofreció el Festival de Folclore de Cosquín, trazó diferencias con las formas de experimentar la música en su país y, en ese sentido, afirmó que Cuba "permite pensar la música de otra manera", con una libertad que la exime de "concesiones".
La música de Yusa se conforma de préstamos al folk cubano, el jazz, el rock y, ahora también, de ritmos rioplatenses; una mezcla que la llevó, acompañando al santiagueño Raly Barrionuevo, al escenario Atahualpa Yupanqui de Cosquín.
El trovador argentino León Gieco reconoció mediante un mensaje en su Facebook oficial que la expresión «putos canadienses» fue desafortunada aunque no se desdice de su postura respecto a las minas.
"Reconozco que la expresión «putos canadienses» que vertí en la conferencia de prensa en Cosquín el día 25 de enero pasado fue desafortunada", expresó Gieco en su Facebook oficial.
"En ningún momento me quise referir al pueblo canadiense sino a sus empresas mineras" matizó el argentino, y añadió "y tampoco a la comunidad gay con quienes trabajo por la integración", en referencia a un uso habitual de la palabra "puto" en algunos países de América Latina que es utilizada para dirigirse despectivamente al colectivo homosexual.
El cantante salteño Jorge Rojas ratificó anoche su poder de convocatoria en la séptima luna del Festival de Folclore de Cosquín con una propuesta cargada de giros melódicos, tímbrica rockera, sonoridad electrónica y efectos coreográficos.
Rojas, que presentó una renovada formación musical y estrenó temas, fue el encargado de iniciar la programación de la séptima noche y para esa faena apeló, primero, a las canciones de corte melódico que expresan en forma cabal su perfil compositivo.
Un día después de la polémica transmisión de Canal 7 de la presentación del Raly Barrionuevo en Cosquín, León Gieco se solidarizó con el músico santiagueño y cargó contra las empresas canadienses que impulsan proyectos mineros en Argentina.
León Gieco con estas palabras salió en defensa de Raly Barrionuevo que el día anterior se vio envuelto en una confusa polémica en la que se acusó a la televisión pública argentina de haber censurado su presentación en el Festival de Cosquín cuando difundía imágenes sobre la lucha contra la minería en la Famatina.
Los cantantes León Gieco, Víctor Heredia y Teresa Parodi impusieron este miércoles por la noche, con sus matices, el universalismo del formato canción en la sexta luna del Festival de Folclore de Cosquín.
En cantante comenzó con Zamba por vos (Alfredo Zitarrosa) y luego enhebró Puentecito de mi río, en homenaje a Antonio Tormo; y Cuando llegue el alba, en tributo a Jorge Cafrune.
La presentación del guitarrista tucumano Juan Falú en el Festival de Folclore de Cosquín obtuvo este miércoles como respuesta el poderoso silencio del público, tantas veces empujado, en ese mismo espacio, al énfasis innecesario del gesto festivalero.
El tucumano no sólo defiende su música solo con la guitarra, sin apoyarse en la fuerza sonora del volumen, sino que ha afirmado su gusto en las melodías más lentas, que imponen al oyente una posición de quietud como precondición para el reconocimiento.
Canal 7 informó que el tipo de transmisión obligó a que quedaran afuera algunos temas de Raly Barrionuevo durante el recital que el cantautor santiagueño brindó este martes en la quinta luna del Festival de Cosquín, precisamente en el mismo momento en que se proyectaba una imagen con la consigna "Famatina resiste".
“Tanto los organizadores del festival como Canal 10 de Córdoba, saben que como cuando empieza Cosquín nosotros todavía estamos con la programación habitual al aire, estamos obligados a hacer un compendio de lo que ocurre en la primera hora de cada noche para que ningún artista quede afuera”, precisaron fuentes de la oficina de prensa de La TV Pública a Télam.
El cuartetero Carlos "La Mona" Jiménez, expulsado del Festival de Folclore de Cosquín hace 24 años, regresó esta madrugada como el mayor estandarte del mismo espacio que lo había prohibido y, en esa condición, lideró un ritual bailable que conmovió a una repleta plaza Próspero Molina.
La extensa condena de Jiménez obedeció a aquel desenlace más que a alguna plausible objeción, acaso natural, sobre el lábil vínculo entre el cuarteto con los más antiguos ritmos y acentos musicales que anidaron en la provincia Córdoba.
Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.
La cantante, flautista y compositora catalana Magalí Sare presenta Descasada, un trabajo entre la investigación antropológica y la libertad musical. Sare se sitúa en una escena de mujeres altamente formadas que han redefinido la canción de autor contemporánea.

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