Joan Isaac vuelve a presentar un disco con temas propios donde hace un lúcido y poético retrato del mundo actual y se declara inocente.
Joan Isaac acaba de sacar al mercado su décimotercer disco Em declaro innocent (Discmedi 2011) en donde se declara inocente, infeliz y distinto aunque, eso sí, felizmente inocente, felizmente infeliz y felizmente distinto.
Pero, escuchadme, yo soy un aprendiz con esto del periodismo y siempre me sale el científico —soy tercamente de ciencias— y la curiosidad por saber qué narices hacía allí el perro, hacia donde iba el hombre y quién provocó a quien.
En la tercera semana de febrero se pone a la venta el nuevo disco con trece canciones inéditas del cantautor catalán Joan Isaac, es su disco número trece.
Miguel Poveda y Javier Ruibal unidos por primera vez gracias a las canciones de Serrat.
Y adentro, en el Auditorio de las Cámaras, la voz cálida de Joan Isaac, con su especial acento, acompañado de la guitarra serena y cómplice de Josep Traver.
Sin embargo, el día sábado 11 de septiembre asistí a una presentación del cantautor catalán Joan Isaac en Quito. Y me hizo llorar sin mayor trámite.
Lo había escuchado alguna vez por la radio, o cazando 'serrateadas' (¿se dirá así?) por el youtube.
En abril, la interpretación de su último disco puso a los madrileños a aplaudir de pie. El auditorio Reina Sofía, en el cual Joan Isaac, cantautor catalán, presentó un concierto a dúo con Luis Eduardo Aute, estalló en ovaciones, según las crónicas. Las versiones en catalán de las canciones de Aute estremecieron al público, que entendió ese “mano a mano” como una expresión de respeto e interacción entre las dos culturas ibéricas.
Joan Isaac, de paso por Quito a propósito de la Semana de la Cultura Catalana, recuerda esa noche con emoción. Tiene una razón: para él, como para muchos cantautores catalanes de su generación, cantar en su idioma tiene una trascendencia que rebasa lo estético y linda con lo político, aunque —lo aclara varias veces— esa no haya sido su intención con este u otros discos.
Matricula de Honor. El complejo y atrevido reto de Joan Isaac, uno de los grandes/grandes cantautores catalanes, de 'apropiarse' de canciones de otro de los grandes/grandes de la música española, Luis Eduardo Aute, se ha saldado con la máxima calificación. Tanto en el disco Auteclàssic, como en el directo del mismo, que presentaron ambos en el Reina Sofía madrileño dentro de la II Semana Cultural Catalana.
Sólo alguien con la capacidad lírica, estética y poética, cual su voz, de Joan Isaac saldría por la Puerta Grande virtual del arte para lidiar y triunfar aportando algo a las "más que las canciones, las emociones" —como señaló él mismo en su actuación—, del polifacético Luis Eduardo Aute.
El Centro Cultural Blanquerna y 38 socios colaboradores organizan la III Semana de la Cultura Catalana en Madrid (España) con 48 actividades repartidas en 14 sedes y diversos espacios públicos hasta el 26 de abril y en la que destacan conciertos, exposiciones y otros actos relacionados con la Nova Cançó.
Las más de cincuenta fotografías que componen el retrato fotográfico de la ebullición de este movimiento musical, inevitablemente vinculado con el compromiso social y político, se exhibirán en Blanquerna hasta el día 26 de abril.
El viernes 5 de febrero se presentó Auteclàssic en el Teatre Joventut de L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona).
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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