Un documental sobre la vida de Carlos Cano, que se rueda ya en Cádiz, recoge el recuerdo de sus familiares, amigos y colegas para recuperar la historia del cantautor granadino, del que el próximo 19 de diciembre se cumplirán diez años de su muerte.
La inexplicada muerte de Juan Flores, un pescador tiroteado por un guardia portugués, y su posible relación con una misteriosa mujer llamada María, inspiraron a Carlos Cano una de las más populares coplas y, 25 años después del suceso, la gente se sigue preguntando quién es María La Portuguesa.
Cuando el pescador murió, nació en torno a él una leyenda que Carlos Cano convirtió en canción al año siguiente, para crear María La Portuguesa, la copla, el fado, que cuenta una historia de amor entre un marinero muerto a tiros y María, una misteriosa mujer portuguesa.
Artistas, escritores y universitarios andaluces han recordado la figura "simbólica e histórica" del "reaccionario" cantautor granadino Carlos Cano a pocos días de la víspera del noveno aniversario de su muerte y cuando hoy se cumplen 32 años de la manifestación para exigir la autonomía de Andalucía.
Alcover, que nació al igual que Cano en el emblemático y castizo barrio granadino de El Realejo, ha recordado la "personalidad" del cantautor malogrado hace casi nueve años y ha resaltado su figura "esencial para recuperar la identidad andaluza perdida con la dictadura".
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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