Portada > Opinión (Órden cronológico inverso)
Cuando junto con Hannes Salo contemplamos la posibilidad de
compilar el cancionero y la discografía de Noel Nicola, lo hicimos con la justa
y necesaria intención de honrar la memoria de alguien que ya no estaba
físicamente con nosotros. Sucede que a veces tan nobles propósitos nos ocultan
la necesidad del no menos justo y necesario —y seguramente más oportuno—,
homenaje a los vivos. Porque esperar a que alguien se muera para decirle que lo queremos es, además de llegar tarde, una gran putada.
Queremos decirle a Vicente que lo queremos y queremos que
viva muchos años para tener muchos años para poder seguir diciéndoselo.
La importancia de Ángel Parra en la música latinoamericana trasciende las fronteras de lo artístico. A través de sus generosas aportaciones a la Nueva Canción Chilena ─ no sólo como creador e intérprete, sino también como ideólogo, productor y organizador ─ ha dejado un legado indeleble en la historia de la música chilena y en la música de la historia de su pueblo.
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Nace en Valparaíso en el año 1943, hijo de la gran folklorista Violeta Parra y el ferroviario sindicalista Juan Cereceda.
Al morir Noel todo se paró por un instante. Nosotros, que lo conocíamos sin haberlo visto nunca, quedamos repentinamente embargados por la extraña soledad en que nos sumió su ausencia. ¿Cómo pudo llegar a comprendernos tan bien, sin siquiera saber de nuestra existencia? Quizá la razón esté en que describió nuestro mundo en su propio intento por descubrirse, haciendo surgir esa simpatía innata que se da entre el que se desnuda y quien en él se ve reflejado.
En las canciones de Noel el amor se convierte en el desencadenante de todas las acciones del hombre, la clave de cuestiones tan diversas como los desafíos cotidianos de la pareja, el deber con la patria o la necesaria solidaridad entre los pueblos.
El primer Aute que conocí, como seguramente la mayoría del público, fue el AUTECANTAUTOR. Su voz —que contra todo pronóstico, y a causa de esos cigarrillos que puede llegar a fumar diariamente, ha ido mejorando con el tiempo—, y sus textos —que jamás han dejado de jugar maravillosamente con lo lúdico y lo profundo a la vez— han hecho un largo y significativo trayecto en la historia de la música pop del Estado español y de Latinoamérica. Pero también en la historia personal de tantos individuos, entre los que, obviamente, me encuentro. Y seguramente esto es lo más importante.
RETRATOS DE CANTANTES
Luis Eduardo Aute grabó su primer disco sencillo en el 67. Pero en aquella época su vocación era escribir y pintar. Esa falta de ganas por "hacer carrera" en el mundo musical le permitió grabar discos temáticos con arreglos arriesgados y cambiar de estilo y tono cuando le viniera en gana. Amante del cine y la literatura, profundo muchas veces y superficial cuando necesita descansar de sí mismo, contradictorio -y se enorgullece- y ácrata sincero. Los 80 le traen el éxito popular como cantante, pero no se duerme en los laureles; los 90 le confirman como un cantautor arriesgado, sincero y coherente en su búsqueda.
RETRATOS DE CANTANTES
Francesc Pi de la Serra es uno de los primeros miembros de Els Setze Jutges y uno de los mejores guitarristas de aquel colectivo, cercano a
Brassens pero también a las bandas del rythm'n'blues de los Estados Unidos. Como guitarrista ha ido creciendo con el tiempo. Amante de Big Bill Broonzy, ha ido asumiendo el blues en sus formas musicales, incluso cuando no lo toca, su voz -a ratos recordando a
Paolo Conte- apoya esta sensación. Como letrista, compuso canciones de lucha en los 70. Pero es en sus retratos más cotidianos, costumbristas, del entorno, donde más brilla.
RETRATOS DE CANTANTES
Josep Tero nace en L'Escala, en la costa de Girona, y lo cierto es que el Mediterráneo marca su personalidad y su música. Colaborador habitual de
Maria del Mar Bonet o Marina Rossell, empieza su producción discográfica a mediados de los 80. Amante y conocedor de las diferentes músicas que se desarrollan frente al Mare Nostrum, se nutre de ellas y en sus textos refleja la vida diaria de un pueblo que mira al mar resistiendo los avatares de un poder -el de la España única, el de la cultura anglosajonizante, el de la uniformación- cada día más asfixiante.
RETRATOS DE CANTANTES
José Antonio Labordeta está lleno de sonoridad aragonesa -su tierra-. Su voz y su música es profundamente rural y su sensibilidad gigante. Poeta austero, irónico -brasseniano-, tierno y luchador, comenzó a grabar a principios de los 70 canciones de lucha y amor con claro acento maño. Hacia finales de los 80 decide retirarse del show-business para proseguir su trabajo musical a su ritmo y a su modo. Y es en esta etapa, simplificando en los directos la instrumentación con respecto a los 80 y grabando pensando más en las canciones que en el público, cuando Labordeta se nos presenta más exquisito y brillante que nunca.
RETRATOS DE CANTANTES
Enrique Morente nace en Granada. A finales de los 60 aparece en el panorama del flamenco aportando frescura y personalidad. Capaz de cantar el flamenco más puro, Enrique mira pronto más allá de los límites que marca la ortodoxia, dedicándose a musicar poetas o introduciendo instrumentación no habitual, como lo haría en el mismo tiempo Camarón de la Isla. En los 90, junto al grupo de rock granadino Lagartija Nick, edita un disco experimental llevando a su terreno canciones de
Leonard Cohen o poemas de
Lorca.
RETRATOS DE CANTANTES
Cuando se habla de rock urbano no podemos olvidar el nombre de Rosendo, uno de los autores e intérpretes más lúcidos de este género. Después de tocar en varias bandas rockeras del Madrid de mediados de los 70, Rosendo monta con otros músicos Leño; banda mítica con textos realistas y críticos del entorno urbano. En el 82, Leño graba su último disco y poco después Rosendo comienza su trayectoria en solitario. Auténtico donde los haya, utiliza un lenguaje musical coherente -rock guitarrero a su modo- y su discurso, a veces complejo, es siempre lo que siente y lo que piensa. Es capaz de hacer una magnífica canción poniéndole los puntos sobre las íes a su hijo adolescente -"De qué vas"-, que puede hacerse extensible a muchísimos chicos de su edad, posible público del propio Rosendo.