Ya han pasado cinco noches del Festival de folklore, y con cada una de ellas, una historia particular sobre el escenario Atahualpa Yupanqui. La quinta luna, no escapó al engranaje metódico de un festival que siempre deja que hablar.
León Gieco cerró la cuarta luna con un concierto de más de dos horas que terminó a las siete de la mañana, Teresa Parodi y Ana Prada, se jugaron con un repertorio inédito, Baglietto y Vitale presentaron clásicos y Rolando Goldman protagonizó uno de los momentos más lindos de la noche: el Himno Nacional Argentino coreado por la platea, en penumbras.
Abrieron el fuego tres mujeres, cantoras y compositoras: la correntina Teresa Parodi, la uruguaya Ana Prada y la cubana Yusa, que se unieron en medio de esas orillas por las que transita cada una de sus músicas.
Todo en una noche: Los Manseros, Barboza y Spasiuk, Vitillo Ábalos, Leo Dan y el cuarteto cordobés, se dieron cita en la Plaza Próspero Molina en la tercera luna. El público respondió por igual con el aplauso a todos los artistas.
Si el silencio para Spasiuk y Barboza fue proporcional al bullicio de la banda cuartetera Chévere, o si la ovación para por Vitillo Ábalos se convirtió en coro para Los Manseros, —siendo el mismo público el que ocupaba la Plaza— es que, seguramente hay una predisposición para escuchar y entender de qué se trata.
Luciano Pereyra coronó con su regreso una plaza con menos gente que el día anterior, pero muy entusiasta. El trío MJC, El dúo Orozco Barrientos, los ganadores del pre Cosquín La Biaba y Rafael Amor pusieron el toque de calidad a una noche con una grilla muy pareja.
La primera noche del Festival Mayor de Folklore, tuvo como protagonistas a Bruno Arias, Peteco Carabajal, Raly Barrionuevo y Franco Luciani. La Prospero Molina lució regada por la lluvia de la tarde y con los pasillos colmados de bailarines alumbrados por la luna de la madrugada.
El más reciente libro del escritor gaditano Luis García Gil se adentra una vez más con rigor y pasión en las entrañas musicales y poéticas de la canción de autor, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina son los protagonistas de la A a la Z en este diccionario de complicidades.
El festival más mediático de doma y folklore del país llego a su fin —según los organizadores— con saldo positivo, pero también con algunas cuestiones que valen la pena tener en cuenta para las próximas ediciones.
Para la Comisión del Festival, éste ha tenido un saldo positivo, en virtud de la cantidad de entradas vendidas y de los adelantos en las cuestiones organizativas que se vieron este año.
La del sábado fue una noche donde la historia del folklore estuvo presente con Los Manseros Santiagueños y Los Cantores del Alba, en todas sus formaciones. También se fueron ovacionados los Huayra y se conocieron los ganadores de la jineteada, la consagración y la revelación artísticas.
En los camarines, minutos antes de salir a escena (en una noche donde fueron el número central), el bombisto y vidalero insinuaba un cierto temor, por la cantidad de gente que había en el Anfiteatro José Hernández.
El músico chileno, co-director del Quilapayún-Parada/Wang, hace un recorrido de sus proyectos independientes, de su relación con el escenario chileno, sobre la situación Europea y sus próximos planes, entre los que se encuentra un nuevo disco.
Cerca de la plaza Brasil, en el centro de Santiago, y caminando hacia un café el músico nos cuenta que durante estas semanas ha estado preocupado de dar entrevistas tanto por sus actividades musicales independientes como por la reciente edición en Chile del disco Absolutamente de Quilapayún, así como trabajando en el montaje de una obra suya que se presentará bajo el marco del XIII Festival de Música Contemporánea organizado por la Universidad de Chile.
Como es costumbre, el día martes fue para el Chaqueño Palavecino, el cantor del chaco salteño, que una vez más entró a anfiteatro José Hernández a caballo. Pablo Lozano, el homenaje a Los Tucu Tucu de Martos y Pérez, Opus 4, Los del Suquía y Claudia Prirán también fueron los protagonistas de la quinta noche del Festival.
Hay discos que no necesitan levantar la voz. Azimut es uno de ellos. Joan Isaac presenta un trabajo hecho desde la contención, desde ese lugar donde la canción deja de ser ornamento para convertirse en algo casi necesario. Un disco minimalista, preciosista, trabajado con una delicadeza profundamente orgánica. Como todo en Isaac, un acto de fe.
Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.

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