El Mediterráneo constituirá una de las grandes influencias musicales en el mundo en un plazo de diez a veinte años. Esa es la predicción que el compositor español Javier Limón ha lanzado durante su paso por el MIDEM 2012.
El 52 Festival de Folclore de Cosquín tuvo como estandarte publicitario —en nombre de una apertura— al cuartetero cordobés Carlos “La Mona” Jiménez, aunque ese gesto de amplitud no parece haberse irradiado hacia cepas menos taquilleras, donde todo ha permanecido en los términos establecidos en el último lustro de Cosquín.
Bien se podrá apuntar que Cosquín, comparado con encuentros folclóricos de otra laya, o con su propia historia, ya ha hecho aquel giro y; aceptado el enunciado, también habrá que convenir que eso impone un nuevo punto de partida para no detener el crecimiento.
El músico israelí Idan Raichel actúa el 10 de febrero en la Sala Clamores de Madrid para presentar en directo sus canciones de amor y tolerancia. Su gira internacional continuará en el festival Sons 2012, que se celebrará en Santiago de Compostela.
Idan Raichel vuelve a Madrid un año después de actuar en el Teatro Abadía de la capital, y tras haber realizado una gira que le ha llevado por lugares como México, Hong Kong, Nueva Delhi, Singapur o Mumbai.
El cuarteto Alma de Luna, oriundo de la ciudad santafesina de Venado Tuerto, obtuvo el premio Consagración en la edición 2012 del Festival de Folclore Cosquín, mientras que la platense Milena Salamanca, de 18 años, fue distinguida como la revelación.
La formación integrada por Darío Rodríguez, Carlos Ceballos, Lucas Rodas y Javier Cantoni cuenta con el respaldo de una de las principales discográficas del mercado.
El criterio de la elección —que supuestamente remite a la aprobación del público— dejó en el camino a dos aspirantes con más pergaminos artísticos: el jujeño Bruno Arias y la cordobesa (y coscoína) Paola Bernal.
El santiagueño Alfredo Ábalos, figura de la música popular argentina, se revela como un contramodelo del perfil artificial de ciertos folcloristas de este tiempo y, aun en ese contexto de época, consigue —como lo hizo en el cierre del Festival de Folclore de Cosquín— el reconocimiento de su obra.
En la simpleza de la figura de Ábalos están ausentes los disfraces que asumen los artistas moldeados por las discográficas o el impulso de la inmediatez televisiva.
La formación salteña Los Nocheros replicó en la novena luna del 52 Festival de Folclore de Cosquín el modelo estético que la condujo al premio Consagración —en el mismo espacio— en 1994 y que, aunque conserva la aprobación del público, desde la orilla musical no parece tener mucho más para ofrecer.
Es así que las chacareras y especialmente las zambas aparecen en la voz de Los Nocheros despojadas de sus texturas ancestrales para asumir el color universalista de la canción romántica que tanto cultivó la formación.
Los acentos de la chacarera, la zamba, el chamamé o la canción son asumidos por Soledad con un mismo tono efervescente, enjundioso, celebratorio; y, aunque no sean adjetivos en apariencia siempre deseables en su oficio, son los que permitieron moldear un estilo que anoche fue, una vez más, ovacionado en el Festival de Folclore de Cosquín.
En esa dimensión, Soledad se muestra capaz de dominar los climas de una noche, enhebrar coreografías y desarrollar una veta lúdica con el público o con sus músicos.
Ese contexto ubica a su numeroso elenco de instrumentistas -en especial a las guitarras- en la misión de sostener el contenido musical del espectáculo, al que Soledad le marca el pulso apresurando temas o dejando en suspenso una canción con la idea de alumbrar algún diálogo con el público.
La cantautora cubana Yusa, una de las pocas figuras internacionales que ofreció el Festival de Folclore de Cosquín, trazó diferencias con las formas de experimentar la música en su país y, en ese sentido, afirmó que Cuba "permite pensar la música de otra manera", con una libertad que la exime de "concesiones".
La música de Yusa se conforma de préstamos al folk cubano, el jazz, el rock y, ahora también, de ritmos rioplatenses; una mezcla que la llevó, acompañando al santiagueño Raly Barrionuevo, al escenario Atahualpa Yupanqui de Cosquín.
Paco Damas regresa este lunes a Ceuta para pasar en dos ocasiones por el escenario del Teatro Auditorio del Revellín, primero en el marco de un concierto didáctico para alumnos de secundaria con el que se conmemora el Día Mundial de la Paz y, posteriormente, a las 21.00 horas, para ofrecer el concierto Homenaje a Carlos Cano, abierto al público en general, y con entradas a un precio único de 5 euros.
Así, de la mano de Paco Damas, los amantes de la música de Carlos Cano podrán volver a disfrutar de canciones como Blanca y verde, La murga de los currelantes, El último bolero, María La Portuguesa, Habaneras de Cádiz o Yo nací en Nueva York.
El trovador argentino León Gieco reconoció mediante un mensaje en su Facebook oficial que la expresión «putos canadienses» fue desafortunada aunque no se desdice de su postura respecto a las minas.
"Reconozco que la expresión «putos canadienses» que vertí en la conferencia de prensa en Cosquín el día 25 de enero pasado fue desafortunada", expresó Gieco en su Facebook oficial.
"En ningún momento me quise referir al pueblo canadiense sino a sus empresas mineras" matizó el argentino, y añadió "y tampoco a la comunidad gay con quienes trabajo por la integración", en referencia a un uso habitual de la palabra "puto" en algunos países de América Latina que es utilizada para dirigirse despectivamente al colectivo homosexual.
Tras la publicación del disco Tinc una casa al mar, Joan Isaac vuelve a editar un nuevo trabajo: Azimut, en el que se encuentra acompañado por el músico y compositor Eduard Iniesta. Durante 2023 fue publicada una recopilación antológica de la obra del artista, compuesta por veinticinco cedés, como parte de la conmemoración de sus cincuenta años de oficio y 70 de vida, que culminó con un gran concierto en El Palau de la Música catalana y la edición de Joan Isaac al Palau en 2024. Azimut es su más reciente creación, una obra protagonizada por unos textos profundamente poéticos, vestidos fundamentalmente por voz y cuerdas.
Hay discos que no necesitan levantar la voz. Azimut es uno de ellos. Joan Isaac presenta un trabajo hecho desde la contención, desde ese lugar donde la canción deja de ser ornamento para convertirse en algo casi necesario. Un disco minimalista, preciosista, trabajado con una delicadeza profundamente orgánica. Como todo en Isaac, un acto de fe.

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