Ese texto extraído de la canción Tengo, de Diego Kuropatwa, más conocido por Kuropa, puede ser objeto de reflexión o incluso de discusión, pero no estamos acá para eso. Simplemente me llamó la atención la frase y la reproducí aquí a modo de presentación de ese trovador uruguayo que nos deleitó hace muy poquitos días en la Sala Barradas de L’Hospitalet, durante el Festival Barnasants.
A menudo, echo de menos en un cantautor que sea creíble en lo que me está contando, no es fácil encontrar a alguien que —independientemente de que conectes con sus canciones o no, puedas verte reflejado en ellas o no—, te emocione y te haga sentir a gusto en sus conciertos. Esto sin duda para mí, lo encuentro con Alfonso Mora.
El aforo del bello Palau de la Música de Barcelona se encontraba cerca del lleno de manera que estaba claro que nuestro artista tiene su público numeroso y fiel que acudió al encuentro de ese todo-terreno del rock hispano, de ese músico de moral inquebrantable y de convicciones firmes en lo que ha hecho hasta ahora y sigue haciendo.
Para el que esto escribe las cosas no empezaron bien. Apareció en solitario y saludó en catalán al público (siempre quedan bien este tipo de cosas), recordó a las luchadoras de la Revolución Mexicana y sin más acompañamiento que su guitarra se atrevió con La Adelita, canción que pronto cumplirá 100 añitos y que popularizaron muchos, entre ellos Jorge Negrete.
Concha Fraile, esposa del Rey del bolero Moncho, falleció el pasado primero de febrero en su casa de Llavaneres, en la comarca barcelonesa del Maresme. Concha fue el paradigma del viejo tópico que dice que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.
Ay cariño,
si vieras como estoy desesperado
por tu ausencia,
soñando a cada instante
con la luz de tu presencia,
llamándote en mis noches,
llorando como un niño.
Ay cariño
tú sabes que mi culpa
es adorarte como un necio,
si es cierto como dicen
que el pecado tiene un precio,
qué caro estoy pagando por quererte,
¡ay cariño!
El bolero más bello que jamás cantó Moncho fueron estas palabras que el Rey del bolero gemía, valiente y emocionado, frente a Concha Fraile, la que fue tantísimos años su amada esposa, en presencia de todos quienes abrumados por la pena, la despedíamos esta pasada semana.
El trovador valenciano Raimon publica mañana lunes 7 de febrero Rellotge d'emocions (Reloj de emociones) su primer disco con canciones inéditas después de casi 14 años.
Es por eso que no es nada extraño que después de casi 14 años sin canciones nuevas, Rellotge d'emocions haya despertado tanta expectación como expectativas.
Joan Manuel Serrat rindió homenaje al poeta Miguel Hernández en el concierto que ofreció en el Auditorio Nacional de México ante 10.000 personas, en el que pasó de la melancolía a la euforia total.
Vestido con un pantalón vaquero, camisa azul y un jersey oscuro, el catalán comenzó con Llegó con tres heridas y luego cantó otros poemas de Miguel Hernández como Las abarcas desiertas, Menos tu vientre, Nanas de la cebolla y Para la libertad.
Reflexiones de un joven musicólogo después del recital de los Quilapayún en Barcelona.
Pero más que un concierto, aquello fue la expresión de una colectividad.
El Ateneu Santfeliuenc (Sant Feliu de Llobregat-Barcelona) fue el escenario donde ambas propuestas se presentaron en una noche fea, lluviosa y fría, que perjudicó la asistencia de público y que de algún modo empañó el desarrollo de un concierto muy prometedor.
Y es que ambas propuestas son muy distintas pero más que interesantes.
Abrió fuego el malagueño en solitario.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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