Albert Pla y Lídia Pujol, junto con el elenco de actores de Llits (Camas) han paseado por las Ramblas de Barcelona con su cama-bicicleta para presentar el espectáculo creado por Lluís Danés, que se estrenará en el TNC de Barcelona el próximo 17 de diciembre.
Llits es un espectáculo que fusiona el teatro visual, el circo, la música y la danza, con el fin de narrar la historia de un personaje, a través de las camas que ha habitado a lo largo de una vida: la cama donde nacemos, la cuna donde escuchamos el primer cuento, la litera adolescente, la cama donde descubrimos el sexo, la cama del matrimonio, la cama del enfermo, el lecho del prisionero, la cama de los sueños, la cama de la soledad, la cama donde morimos,...
El cantante Albert Pla se rige por las leyes de la improvisación. Decide lo que le apetece cantar o grabar justo antes de tener que hacerlo, pero tiene claro de antemano que no le gustan las entrevistas. Ni siquiera las que concede con motivo de su presencia este lunes, a las 21.00 horas, en el Auditorio de Lugo, con el espectáculo La diferencia.
El cantante de Sabadell no se esfuerza en contestar con coherencia o en ir mucho más allá de un monosílabo cuando responde. Hay que insistirle; dialogar no debe de estar entre sus grandes aficiones. De hecho, vive en un pueblo sin cobertura telefónica.
¿Lo de vivir en un sitio sin cobertura se debe al hecho de que le gusta aislarse?
Pues no.
Albert Pla ha sido el artista seleccionado para interpretar el principal papel masculino en la obra «Llits» dirigida por Lluís Danés.
La voz principal femenina correrá a cargo de Lídia Pujol, quien ya había trabajado con Albert Pla en su última producción “Els amants de Lilith”.
También está confirmada la participación de la payasa Alba Sarraute.
Algo tendrá Albert Pla que llena teatros programe los días que programe. Seguramente será porqué gusta o no gusta, pero jamás deja indiferente.
Sin embargo ni los más comprometidos trovadores catalanes han hecho un retrato tan demoledor de la burguesía catalana como el “Papa, jo vull ser torero”; ni los más militantes trovadores chilenos o cubanos un ataque tan corrosivo al imperialismo yanqui como “La colilla”; ni alegato más claro y preciso contra los prejuicios raciales como “Joaquín el Necio”, ni nadie ha tenido lo que se ha de tener para dedicarle al Borbón —perdón, Su Majestad Juan Carlos I— una canción como “Carta al rey Melchor”.
Nuevas canciones, nuevo espectáculo, nuevo disco y nueva discográfica para una voz que sigue marcando la diferencia
Corrían los finales de los ochenta. Lo que Franco no había conseguido por la vía de la prohibición, el gobierno catalán —con la connivencia de todos nosotros— lo había conseguido por la vía de la inanición y el ninguneismo. (Ver "Tocarle los cojones al poder"). Entonces, en medio de la nada cultural, en medio de una España sorda y una Cataluña ciega; aparece un tipo con aspecto de vagabundo, que canta —a veces da la sensación que se lamenta— sentado en un sofá, como el sofá de la casa de tus padres y con aires de tener un coeficiente intelectual unas décimas por debajo de la media exigida a un chimpancé.
Algunos discos: "Ho sento molt" (Pdi, 89), "Aquí s'acaba el que es donava" (Pdi, 90), "No sólo de rumba vive el hombre" (BMG/Ariola, 92), "Veintegenarios en Alburquerque" (BMG/Ariola, 97).
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

Notas legales
Servicios
• Contacto
• Cómo colaborar
• Criterios
• Estadísticas
• Publicidad
Síguenos